- III -
Se llama Elemento (187) la materia primera que entra en la
composición, y que no puede ser dividida en partes heterogéneas (188); así
los elementos del sonido son lo que constituye el sonido, y las últimas
partes en las que se le divide, partes que no se pueden dividir en otros
sonidos de una especie diferente de la suya propia. Si se dividiesen, sus
partes serían de la misma especie que ellas mismas: una partícula de agua,
por ejemplo, es agua; pero una parte de una sílaba no es una sílaba. Los
que tratan de los elementos de los cuerpos, dan siempre este nombre a las
últimas partes en que se dividen los cuerpos, partes que no se pueden
dividir en otros cuerpos de especies diferentes. Esto es lo que llaman
ellos elementos, ya admitan sólo un elemento, ya admitan muchos. Lo mismo
sucede sobre poco más o menos con los que se llaman elementos en la
demostración de las propiedades de las figuras geométricas, y en general
en todas las demostraciones; porque las demostraciones primeras, y que se
encuentran en el fondo de muchas demostraciones, se les llama elementos de
demostraciones: estos son los silogismos primeros compuestos de tres
términos, uno de los cuales sirve de medio.
De aquí que, por metáfora, se llama también elemento a lo que, siendo
uno y pequeño, sirve para un gran número de cosas. Por esta razón se llama
elemento lo que es simple, pequeño, indivisible. Por consiguiente, los
atributos más universales son elementos. Cada uno de ellos es uno y
simple, y existe un gran número de seres, en todos o en la mayor parte.
Por último, la unidad y el punto son, según algunos, elementos.
Los géneros son universales, y además indivisibles, porque su noción
es una; y así algunos pretenden que los géneros son elementos más bien que
la diferencia, porque el género es más universal. En efecto, allí donde
hay diferencia se muestra siempre el género; pero donde hay género no
siempre hay diferencia.
Por lo demás, el carácter común a todos los elementos es que el
elemento de cada ser es su principio constitutivo.
- IV -
Naturaleza (189) se dice en primer lugar de la generación de todo
aquello que crece, por ejemplo, cuando se pronuncia larga la primera
sílaba de la palabra griega; luego la materia intrínseca de donde proviene
lo que nace; y además el principio del primer movimiento en todo ser
físico, principio interno y unido a la esencia. Y se llama crecimiento
natural de un ser el aumento que recibe de otro ser, ya por su adjunción,
ya por su conexión, ya como los embriones, por su adherencia con este ser.
La conexión difiere de la adjunción en que, en este último caso, no hay
más que un simple contacto, mientras que en los demás casos hay en los dos
seres algo que es uno, y que en lugar de un contacto, produce su conexión,
y hace de estos dos seres una unidad bajo la relación de la continuidad y
de la cantidad, pero no bajo la relación de la cualidad. Se dice además
naturaleza la sustancia bruta inerte y sin acción sobre sí misma de que se
compone y se forma un ser físico. Así el bronce es la naturaleza de la
estatua y de los objetos de bronce, y la madera lo es de los objetos de
madera, y lo mismo de los demás seres; esta materia prima y preexistente
constituye cada uno de ellos. Como resultado de esta consideración, se
entiende también por naturaleza los elementos de las cosas naturales; y
así se explican los que admiten por elemento el fuego, la tierra, el aire,
o el agua o cualquiera otro principio análogo, y los que admiten muchos de
estos elementos, o todos ellos a la vez. Finalmente, desde otro punto de
vista, la naturaleza es la esencia de las cosas naturales. En esta
acepción la toman los que dicen que la naturaleza es la composición
primitiva, o con Empédocles,
que ningún ser tiene realmente una naturaleza,
sino que a la mezcla y a la separación de las cosas mezcladas,
es todo lo que hay y lo que los hombres llaman naturaleza (190).
Por esta razón, según ellos, de todo objeto que es naturalmente, o
que ya deviene o se hace, y que posee en sí el principio natural del
devenir o del ser, no decimos que tiene una naturaleza, cuando aún no
tiene esencia y forma. Por tanto, la reunión de la esencia y de la materia
constituye la naturaleza de los seres. Esto sucede con la de los animales
y la de sus partes. Pero es preciso decir que la materia primera es una
naturaleza, y que puede serlo desde dos puntos de vista; porque puede ser
o primera relativamente a un objeto o absolutamente primera. Para los
objetos cuya sustancia es el bronce, el bronce es el primero relativamente
a estos objetos; pero absolutamente hablando, es el agua quizá, si es
cierto que el agua es el principio de todos los cuerpos fusibles. Y es
preciso añadir que la forma y la esencia son también una naturaleza,
porque son el fin de toda producción. Finalmente, por metáfora, toda
esencia toma en general el nombre de la naturaleza, a causa de la misma en
que hablamos, porque la naturaleza es también una especie de esencia.
Se sigue de todo lo que precede, que la naturaleza primera, la
naturaleza propiamente dicha, es la esencia de los seres, que tienen en sí
y por sí mismos el principio de su movimiento (191). La materia no se
llama en efecto naturaleza, sino porque es capaz de recibir en sí este
principio, y la generación, así como el crecimiento, sino porque son
movimientos producidos por este principio. Y este principio del movimiento
de las cosas naturales reside siempre en ellas, ya sea en potencia, ya en
acto.
- V -
Se llama Necesario (192) aquello que es la causa cooperante (193) sin
la cual es imposible vivir. Así la respiración y el alimento son
necesarios al animal. Sin ellos le es imposible existir. Lo constituyen
aquellas condiciones sin las cuales el bien no podría ni ser ni llegar a
ser, o sin las cuales no se puede ni prevenir un mal ni librarse de él. Es
necesario, por ejemplo, tomar el remedio para no estar enfermo, o hacerse
a la vela a Egina para recibir dinero.
Constituye también lo necesario la violencia y la fuerza, es decir,
lo que nos impide y detiene, a pesar de nuestro deseo y nuestra voluntad.
Porque la violencia se llama necesidad, y por consiguiente la necesidad es
una cosa que aflige (194), como dice Eveno (195):
Toda necesidad, es una cosa aflictiva.
Finalmente, la fuerza es una necesidad; escuchemos a Sófocles (196):
La fuerza es la que me obliga necesariamente a obrar así.
La necesidad envuelve la idea de algo inevitable, y con razón, porque
es lo opuesto al movimiento voluntario y reflexivo. Además, cuando una
cosa no puede ser de otra manera de como es, decimos: es necesario que así
sea. Y esta necesidad es, en cierta manera, la razón de todo lo que se
llama necesario. Efectivamente, cuando el deseo no puede conseguir su
objeto a consecuencia de la violencia, se dice que ha habido violencia,
hecha o padecida. La necesidad es por consiguiente a nuestros ojos aquello
en cuya virtud es imposible que una cosa sea de otra manera. La misma
observación cabe respecto de las causas cooperantes de la vida, lo mismo
que de las del bien. Porque cuando hay, ya para el bien, ya para la vida y
el ser, imposibilidad de existir sin ciertas condiciones, entonces estas
condiciones son necesarias, y la causa cooperante es una necesidad.
Finalmente, las demostraciones de las verdades necesarias son necesarias,
porque es imposible, si la demostración es rigurosa, que la conclusión sea
otra que la que es. Las causas de esta imposibilidad son estas
proposiciones primeras, que no pueden ser otras que las que son, que
componen el silogismo.
Entre las cosas necesarias, hay unas que tienen fuera de sí la causa
de su necesidad; otras, por lo contrario, que la tienen en sí mismas, y de
ellas es de donde sacan las primeras su necesidad. De suerte que la
necesidad primera, la necesidad propiamente dicha, es la necesidad
absoluta, porque es imposible que tenga muchos modos de existencia. Por lo
tanto ella es la necesidad invariable; de otra manera tendría muchos modos
de existencia. Luego si hay seres eternos e inmutables, nada puede ejercer
sobre ellos violencia o contrariar su naturaleza.
- VI -
Hay dos clases de Unidad (197); hay lo que es uno por accidente, y lo
que es en su esencia. Corisco y músico, y Corisco músico son una sola
cosa, porque hay identidad entre las expresiones: Corisco y músico, y
Corisco músico, Músico y justo, y Corisco músico justo son igualmente una
sola cosa. A esto se llama unidad accidental. En efecto, de una parte
justo y músico son los accidentes de una sola y misma sustancia; de la
otra músico y Corisco son recíprocamente accidentes el uno del otro.
Asimismo el músico Corisco es, desde un punto de vista, la misma cosa que
Corisco, porque una de las dos partes de esta expresión es el accidente de
la otra parte; músico lo es, si se quiere, de Corisco. Y el músico Corisco
y el justo Corisco son igualmente una sola cosa, porque uno de los dos
términos de cada una de estas expresiones es el accidente del mismo ser.
Importa poco que músico sea accidente de Corisco, o que Corisco lo sea de
músico. Y lo mismo acontece cuando el accidente se aplica al género o a
cualquiera otra cosa universal. Admitamos que hombre y hombre músico sean
idénticos el uno al otro. Esto se verificará, o bien porque el hombre es
una sustancia una, que tiene por accidente músico, o bien porque ambos son
los accidentes de un ser particular, de Corisco, por ejemplo. Sin embargo,
en este último caso, los dos accidentes no son accidentes de la misma
manera; el uno representa, por decirlo así, el género, y existe en la
esencia; el otro no es más que un estado, una modificación de la
sustancia. Todo lo que se llama unidad accidental es unidad tan sólo en el
sentido que acabamos de decir.
En cuanto a lo que es uno esencialmente, hay en primer lugar lo que
lo es por la continuidad de las partes: por ejemplo, el haz, que debe a la
ligadura la continuidad y las piezas de madera que la reciben de la cola
que las une. La linea, hasta la línea curva, siempre que sea continua, es
una; así como cada una de las partes del cuerpo, las piernas, los brazos.
Digamos, sin embargo, que lo que tiene naturalmente la continuidad es más
uno que lo que sólo tiene una continuidad artificial. Ahora bien, se llama
continuo a aquello cuyo movimiento es uno esencialmente, y no puede ser
otro que el que es. Este movimiento uno es el movimiento indivisible, pero
indivisible en el tiempo. Las cosas continuas en sí mismas son las que
tienen algo más que la unidad que proviene del contacto. Si ponéis en
contacto trozos de maderas, no iréis a decir que hay allí unidad; y lo
mismo que con la madera, sucede con el cuerpo o cualquiera otra cosa
continua. Las cosas esencialmente continuas son unas, aun cuando tengan
una flexión. Las que no tienen flexión lo son más: la canilla o el muslo,
por ejemplo, lo son más que la pierna, la cual puede no tener un
movimiento uno: y la línea recta tiene más que la curva el carácter de
unidad. Decimos que la línea curva, así como de la línea angulosa, que es
una y que no es una, porque es posible que no estén en sus partes todas en
movimiento o que lo estén todas a la vez. Pero en la línea recta el
movimiento es siempre simultáneo, y ninguna de las partes que tiene
magnitud está en reposo, como en la línea curva, mientras que otra se
mueve.
También se toma la unidad en otro sentido; la homogeneidad de las
partes del objeto. Hay homogeneidad cuando no se puede señalar en el
objeto ninguna división bajo la relación de la cualidad. Y el objeto será,
o bien el objeto inmediato, o bien los últimos elementos a que se le pueda
referir. Se dice que el vino es uno, y el agua es una, en tanto que son
ambos genéricamente indivisibles: y que todos los líquidos juntos, aceite,
vino, cuerpos fusibles, no son más que una cosa, porque hay identidad
entre los elementos primitivos de la materia líquida, porque lo que
constituye todos los líquidos es el agua y el aire.
En igual forma, cuando se pueden señalar diferencias en el género, se
atribuye a la unidad a los seres que contiene. Y se dice que todos son una
sola cosa, porque el género que se encuentra bajo las diferencias es uno.
El caballo, por ejemplo, el hombre, el perro, son una sola cosa, porque
son animales. Sucede lo mismo, sobre poco más o menos, que en los casos en
que hay unidad de materia. Tan pronto es, como en el ejemplo que acabamos
de citar, al género próximo al que se refiere a la unidad como, según
acontece en el caso en que los géneros inmediatamente superiores a los
objetos idénticos sean las últimas especies del género, es al género más
elevado al que se refiere (198). Así, el triángulo isósceles y el
equilátero son una sola y misma figura, porque son triángulos ambos, pero
no son los mismos triángulos. También se atribuye la unidad a las cosas
cuya noción esencial no puede dividirse en otras nociones, cada una de las
cuales expresa la esencia de estas cosas. En efecto, de suyo toda
definición puede dividirse. Hay unidad entre lo que aumenta y lo que
disminuye, porque hay unidad en la definición; de la misma manera respecto
de las superficies la definición es una. En general, la unidad de todos
los seres, cuya idea, entiendo la idea esencial, es indivisible y no puede
ser separada ni en el tiempo, ni en el espacio, ni en la definición, es la
unidad por excelencia. Las esencias están en este caso. En general, en
tanto que no pueden ser divididos, es como se atribuye la unidad a los
objetos que no pueden serlo. Por ejemplo, si como hombre no es posible la
división, tenéis un solo hombre; si como animal, un solo animal; si como
magnitud, una sola magnitud.
La unidad se atribuye por tanto a la mayor parte de las cosas, o
porque ellas producen, o porque soportan otra unidad, o porque están en
relación con una unidad. Las unidades primitivas son los seres, cuya
esencia es una: y la esencia puede ser una, ya por continuidad, ya
genéricamente, ya por definición, por lo que nosotros contamos como
varios, son o los objetos no continuos, o los que no son del mismo género,
o los que no tienen la unidad de definición. Añadamos que a veces decimos
que una cosa es una por continuidad, con tal que tenga cantidad y
continuidad, pero que otras veces esto no basta. Es preciso también que
sea un conjunto, es decir, que tenga unidad de forma. No constituirán para
nosotros una unidad las partes que constituyen el calzado colocadas las
unas junto a las otras de una manera cualquiera; y sólo cuando hay, no
simplemente continuidad, sino partes colocadas de tal manera que
constituyen un calzado, y tengan una forma determinada, es cuando decimos
que hay verdadera unidad. Por esta razón la línea del círculo es la línea
una por excelencia; es perfecta en todas sus partes.
La esencia de la unidad consiste en ser el principio de un número,
porque la medida primera de cada género de seres es un principio. La
medida primera de un género es el principio por el que conocemos un género
de seres. El principio de lo cognoscible en cada género es, pues, la
unidad. Sólo que no es la misma unidad para todos los géneros (199); aquí
es un semitono, allá la vocal o consonante. La pesantez tiene una unidad;
el movimiento tiene otra. Pero en todos los casos la unidad es
indivisible. Ya bajo la relación de la forma, ya bajo la de la cantidad.
Lo que es indivisible con relación a la cantidad, y en tanto que
cantidad, lo que es absolutamente indivisible y no tiene posición, se
llama mónada. Lo que lo es en todos sentidos, pero que ocupa una posición,
en un punto. Lo que no es divisible, sino en un sentido, es una línea. Lo
que puede ser dividido en dos sentidos es una superficie. Lo que puede
serlo por todos lados y en tres sentidos, bajo la relación de la cantidad,
es un cuerpo. Y si se sigue el orden inverso, lo que puede dividirse en
tres sentidos por todos lados es un cuerpo; lo que puede dividirse en dos
sentidos es una superficie; lo que no puede serlo más que en uno solo es
una línea; lo que no se puede en ningún sentido dividir bajo la relación
de la cantidad es un punto y una mónada: sin posición es la mónada; con
posición es el punto.
Además, lo que es uno, lo es o relativamente al número, o
relativamente a la forma, o relativamente al género, o bien por analogía.
Uno en número es aquello cuya materia es una; uno en forma es aquello que
tiene unidad de definición; uno genéricamente es lo que tiene los mismos
atributos; dondequiera que hay relación hay unidad por analogía. Los modos
de la unidad, que acabamos de enumerar los primeros, llevan consigo
siempre los siguientes. Y así, el uno en número es igualmente uno en
forma; pero lo que es uno en forma, no lo es siempre en número. Todo lo
que es uno en forma, lo es siempre numéricamente. La unidad genérica no
siempre la unidad de forma; es siempre unidad por analogía. Pero no todo
lo que es uno por analogía, es uno genéricamente.
Es también evidente, que la pluralidad debe ser puesta en oposición
con la unidad. Hay pluralidad: o por falta de continuidad o porque la
materia, ya la materia del género, ya los últimos elementos, pueden
dividirse por la forma, o porque hay pluralidad de definiciones que
expresen la esencia.
- VII -
El Ser (200) se entiende de lo que es accidentalmente o de lo que es
en sí. Hay, por ejemplo, ser accidental, cuando decimos: el justo es
músico, el hombre es músico, el músico es hombre. Lo mismo poco más o
menos, que cuando decimos que el músico construye, es porque es accidental
que el arquitecto sea músico o el músico arquitecto; porque, cuando se
dice: una cosa es esto o aquello, significa que esto o aquello es el
accidente de esta cosa; lo mismo que, volviendo a nuestro asunto, si se
dice: el hombre es músico o el músico es hombre, o bien: el músico es
blanco o el blanco es músico, es, en el último caso, porque uno y otro son
accidentes del mismo ser. El músico no es hombre, sino porque el hombre es
accidentalmente músico. En igual forma no se dice que el no blanco es,
sino porque el objeto del cual es accidente, es.
El ser toma el nombre de accidental, bien cuando el sujeto del
accidente y el accidente son ambos accidentes de un mismo ser (201); o
cuando el accidente se da en un ser (202); o, por último, cuando el ser,
en que se encuentra el accidente, es tomado como atributo del accidente
(203).
El ser en sí tiene acepciones como categorías hay (204), porque
tantas cuantas se distingan otras tantas son las significaciones dadas al
ser. Ahora bien, entre las cosas que abrazan las categorías, unas son
esencias, otras cualidades, otras designan la cantidad, otras la relación,
otras la acción o la pasión, otras el lugar, otras el tiempo: el ser se
toma en el mismo sentido que cada uno de estos modos. En efecto, no hay
ninguna diferencia entre estas expresiones: el hombre es convaleciente y
el hombre convalece; o entre estas: el hombre es andante y el hombre anda.
Lo mismo sucede en todos los demás casos.
Ser, esto es, significan que una cosa es verdadera; no-ser, que no lo
es, que es falsa, y esto se verifica en el caso de la afirmación como en
el de la negación. Decimos: Sócrates es músico, porque esto es verdadero;
o bien, Sócrates es no-blanco, porque esto también es cierto. Pero decimos
que la relación de la diagonal con el lado del cuadrado no es
conmensurable, porque es falso que lo sea.
Finalmente, ser y siendo expresan tan pronto la potencia como el acto
de estas cosas de que hemos hablado. Saber, es a la vez, poderse servir de
la ciencia y servirse de ella; y la inercia se dice de lo que está en
reposo y de lo que puede estarlo; y lo mismo pasa con las esencias.
Decimos en efecto: el Hermes está en la piedra; la mitad de la línea está
en la línea; y lo mismo: he aquí el trigo, cuando aún no está maduro. Pero
¿en qué caso el ser existe en acto, y en qué caso existe en potencia? Esto
lo diremos más adelante (205).
- VIII -
Sustancia (206) se dice de los cuerpos simples, tales como la tierra,
el fuego, el agua y todas las cosas análogas; y en general, de los
cuerpos, así como de los animales, de los seres divinos que tienen cuerpo
y de las partes de estos cuerpos. A todas estas cosas se llama sustancias,
porque no son los atributos de un sujeto, sino que son ellas mismas
sujetos de otros seres. Desde otro punto de vista, la sustancia es la
causa intrínseca de la existencia de los seres que no se refiere a un
sujeto: el alma, por ejemplo, es la sustancia del ser animado. Se da
también este nombre a las partes integrantes de los seres de que hablamos,
partes que los limitan y determinan su esencia, y cuyo anonadamiento sería
el anonadamiento del todo. Así, la existencia del cuerpo, según algunos
filósofos, depende de la de la superficie, la existencia de la superficie
de la de la línea; y ascendiendo más, el número, según otra doctrina, es
una sustancia; porque, anonadado el número, ya no hay nada, siendo él el
que determina todas las cosas. Por último, el carácter propio de cada ser
(207), carácter cuya noción es la definición del ser, es la esencia del
objeto, su sustancia misma, de aquí se sigue que la palabra sustancia
tiene dos acepciones: o designa el último sujeto, el que no es atributo de
ningún ser, o el ser determinado, pero independiente del sujeto, es decir
la forma y la figura de cada ser.
- IX -
Identidad (208). Por lo pronto hay identidad accidental; y así lo hay
entre lo blanco y lo músico, porque son accidentes del mismo ser; entre el
hombre y el músico, porque el uno es el accidente del otro. Porque el
músico es el accidente del hombre, y se dice: hombre músico. Esta
expresión es idéntica a cada una de las otras dos, y cada una de éstas a
aquélla; puesto que, para nosotros, hombre y músico son lo mismo que
hombre músico, y recíprocamente. En todas estas identidades no hay ningún
carácter universal. No es cierto que todo hombre sea la misma cosa que
músico; lo universal existe de suyo mientras que lo accidental no existe
por sí mismo, sino simplemente como atributo de un ser particular. Se
admite la identidad de Sócrates y de Sócrates músico, y es porque Sócrates
no es la esencia de muchos seres; y así no se dice: todo Sócrates, como se
dice: todo hombre.
Además de la identidad accidental, hay la identidad esencial. Se
aplica, como la unidad en sí, a las cosas cuya materia es una, sea por la
forma, sea por el número, sea genéricamente, así como a aquellas cuya
esencia es una. Se ve, pues, que la identidad es una especie de unidad de
ser (209), unidad de muchos objetos, o de uno solo tomado como muchos;
ejemplo: cuando se dice: una cosa es idéntica a sí misma, la misma cosa es
considerada como dos.
Se llaman heterogéneas (210) las cosas que tienen pluralidad de
forma, de materia, o de definición; y en general la heterogeneidad es lo
opuesto a la identidad.
Diferente (211) se dice de las cosas heterogéneas que son idénticas
desde algún punto de vista, no cuando lo son bajo el del número, sino
cuando lo son bajo el de la fortuna, o del género, o de la analogía. Se
dice también de lo que pertenece a géneros diferentes de los contrarios, y
de todo lo que tiene en la esencia alguna diversidad.
Las cosas semejantes (212) son las sujetas a las mismas
modificaciones, entre las que hay más relación que diferencia, y las que
tienen la misma cualidad. Y por contrarias que puedan aparecer, si el
mayor número de los caracteres o los principales se parecen, sólo por esto
hay semejanza.
En cuanto a lo semejante, se toma en todos los sentidos opuestos a lo
semejante.
- X -
Lo Opuesto (213) se dice de la contradicción, de los contrarios y de
la relación; de la privación y de la posesión; de los principios de los
seres y de los elementos en que se resuelven; es decir, de la producción y
de la destrucción. En una palabra, en todos los casos en que un sujeto no
puede admitir la coexistencia de dos cosas, decimos que éstas son
opuestas, opuestas en sí mismas, o bien opuestas en cuanto a sus
principios (214). Lo pardo y lo blanco no coexisten en el mismo sujeto, y
así sus principios son opuestos.
Se llaman Contrarias (215) las cosas de géneros diferentes que no
pueden coexistir en el mismo sujeto; y las que difieren más dentro del
mismo género; las que difieren más en el mismo sujeto; las que difieren
más entre las cosas sometidas a la misma potencia; finalmente aquellas,
cuya diferencia es considerable, ya absolutamente, ya genéricamente, ya
bajo la relación de la especie. Las demás contrarias son llamadas así, las
unas porque tienen en sí mismas los caracteres de que hablamos, las otras
porque admiten esos caracteres, y otras porque, activas o pasivas, agentes
o pacientes, toman o dejan, poseen o no estos caracteres y otros de la
misma naturaleza.
Puesto que la unidad y el ser se entienden de muchas maneras, se
sigue de aquí necesariamente, que sus modos se encuentran en igual caso; y
entonces es preciso que la identidad, la heterogeneidad y lo contrario
varíen en las diversas maneras de considerar el ser y la unidad.
Se llaman cosas de especies diferentes, aquellas que, siendo del
mismo género, no pueden sustituirse mutuamente; las que siendo del mismo
género, tienen una diferencia; y aquellas cuyas esencias son contrarias.
Hay también diferencia de especie en los contrarios, ya en todos los
contrarios, ya sólo en los contrarios primitivos, e igualmente en los
seres que tienen la última forma del género, cuando sus nociones
esenciales no son las mismas. Así el hombre y el caballo son ciertamente
indivisibles por el género, pero hay diferencia entre sus nociones
esenciales. Por último, los seres cuya esencia es la misma, pero con una
diferencia, son especies diferentes.
La identidad de especie se entiende de todos los casos opuestos a los
que acabamos de enumerar.
- XI -
Anterioridad y posterioridad (216) se dicen en ciertos casos (217) de
la relación con un objeto considerado en cada género como primero y como
principio; es el más o el menos de proximidad a un principio determinado,
ya absolutamente y por la naturaleza misma, ya relativamente a alguna
cosa, sea en cualquier punto, sea bajo ciertas condiciones. En el espacio,
por ejemplo, lo anterior es lo que está más próximo a un lugar determinado
por la naturaleza, como el medio o la extremidad, o tomado al azar; y
aquello que está más distante de este lugar es posterior. En el tiempo, lo
anterior es en primer lugar lo que está más lejano del instante actual.
Así sucede respecto a lo pasado. La guerra de Troya es anterior a las
guerras médicas, porque está más lejana del instante actual. Después entra
lo que está más próximo a este mismo instante actual. El porvenir está en
este caso. La celebración de los juegos Nemeos será anterior a la de los
juegos Picos, porque está más próxima al instante actual, tomando el
instante actual como principio, como cosa primera. Con relación al
movimiento, la anterioridad pertenece a lo que está más próximo al
principio motor; el niño es anterior al hombre. En este caso, el principio
está determinado por su naturaleza. [Con relación a] la potencia, lo que
tiene la prioridad es lo que excede en poder, lo que puede más. De este
género es todo ser a cuya voluntad se ve precisado a someterse otro ser,
que es ser inferior, de tal manera que éste no se ponga en movimiento si
el otro no le mueve, y que se mueva imprimiéndole el primero el
movimiento. En este caso, la voluntad es el principio. Con respecto al
orden, la anterioridad y la posterioridad se entienden en vista de la
distancia regulada relativamente a un objeto determinado. El bailarín que
sigue al corifeo es anterior al que figura en tercera fila; y la penúltima
cuerda de la lira es anterior a la última. En el primer caso el corifeo es
el principio; en el segundo es la cuerda del medio (218).
Éste es un punto de vista de la anterioridad. Hay otro: la
anterioridad de conocimiento; anterioridad que es absoluta. Pero hay dos
órdenes de conocimiento: el esencial y el sensible. Para el conocimiento
esencial, lo universal es lo anterior, así como lo particular para el
conocimiento sensible. En la esencia misma, el accidente es anterior al
todo; lo músico es anterior al hombre músico, porque no podría haber todo
sin partes. Y sin embargo, la existencia del músico no es posible, si no
hay alguien que sea músico. La anterioridad se entiende, por último, de
las propiedades de lo que es anterior; la rectitud es anterior a lo terso;
porque la una es propiedad esencial de la línea, la otra es una propiedad
de la superficie.
Hay, pues, la anterioridad y la posterioridad accidentales, y las de
naturaleza y esencia. La anterioridad por naturaleza no tiene por
condición la anterioridad accidental; pero ésta no puede nunca existir sin
aquélla; distinción que Platón ha establecido. Por otra parte, el ser
tiene muchas acepciones: lo que es anterior en el ser es el sujeto; y así
la sustancia tiene la prioridad. Desde otro punto de vista, la prioridad y
la posterioridad se refieren a la potencia y al acto. Lo que existe en
potencia es anterior; lo que existe en acto, posterior. Así, en potencia,
la mitad de la línea es anterior a la línea entera, la parte al todo, la
materia a la esencia. Pero en acto las partes son posteriores al todo,
porque después de la disolución del todo, es cuando existen en acto.
Todo lo que es anterior y posterior entra, bajo cualquier punto de
vista, en estos ejemplos. En efecto, bajo la relación de la producción es
posible que ciertas cosas existan sin las otras; y así el todo será
anterior a las partes; bajo la relación de la destrucción, por lo
contrario, la parte será anterior al todo. Lo mismo sucede en todos los
demás casos.
- XII -
Poder o potencia (219) se entiende del principio del movimiento o del
cambio, colocado en otro ser, o en el mismo ser, pero en tanto que otro.
Así el poder de construir no se encuentra en lo que es construido; el
poder de curar, por lo contrario, puede encontrarse en el ser que es
curado, pero no en tanto que curado. Por poder se entiende, ya el
principio del movimiento y del cambio, colocado en otro ser o en el mismo
ser en tanto que otro; ya la facultad de ser mudado, puesto en movimiento
por otra cosa o por sí mismo en tanto que otro: en este sentido es el
poder de ser modificado en el ser que es modificado. Así es que a veces
decimos que una cosa tiene el poder de ser modificada, cuando puede
experimentar una modificación cualquiera y a veces también cuando no puede
experimentar toda especie de modificaciones, y sí sólo las mejores. Poder
se dice también de la facultad de hacer bien alguna cosa, o de hacerla en
virtud de su voluntad. De los que solamente andan o hablan, pero
haciéndolo mal, o de distinto modo de como quisieran, no se dice que
tienen el poder de hablar o de andar. Poder se entiende igualmente en el
sentido de tener la facultad de ser modificado.
Además, todos los estados en los que no puede experimentar
absolutamente ninguna modificación, ningún cambio, o en los que no se
experimenta sino difícilmente una modificación para mal, son poderes;
porque se ve uno roto, estropeado, maltratado, en una palabra, destruido,
no en virtud de un poder, sino por falta de poder, y porque falta algo.
Los seres que están al abrigo de estas modificaciones son los que no
pueden ser mudados sino difícilmente, ligeramente, porque están dotados de
una potencia, de un poder propio, de un estado particular.
Éstas son las diversas acepciones de poder o potencia. Poderoso debe
ser por tanto en primer lugar lo que tiene el principio del movimiento o
del cambio; porque la facultad de producir el reposo es una potencia que
se encuentra en otro ser o en el mismo ser en tanto que otro. Poderoso se
dice igualmente de lo que tiene la facultad de ser mudado por otro ser; en
otro sentido, es la facultad de mudar otro objeto, o para mejorarlo o para
empeorarlo. En efecto, lo que se destruye parece tener la potencia de ser
destruido; porque no podría ser destruido si no tuviese esta potencia; es
preciso que tenga en sí alguna disposición, causa y principio de una
modificación semejante. Así se dice en un sentido que un objeto es
poderoso en virtud de sus propiedades; y en otro, que es poderoso a causa
de la privación de ciertas propiedades. Pero si la privación misma es una
especie de propiedad, será uno poderoso siempre en virtud de una propiedad
particular.
Lo mismo sucede con el ser en general; es poderoso, porque tiene
ciertas propiedades, ciertos principios; lo es igualmente por la privación
de estas propiedades, si la privación misma es una propiedad. Es poderoso
en otro sentido, en cuanto el poder de destruirle no se encuentra ni en
otro ser, ni en él mismo en tanto que otro. Finalmente, todas estas
expresiones significan que una cosa puede hacerse o no hacerse, o que
puede hacerse bien. De este último género es el poder de los seres
inanimados, de los instrumentos; bajo esta condición del bien se dice de
una lira que puede producir sonidos; y se dice de otra que no puede,
cuando no tiene sonidos armoniosos.
La impotencia (220) es la privación de la potencia, la falta de un
principio como el que acabamos de señalar, falta absoluta o falta de un
ser que debería naturalmente poseerla, o en la época en que según su
naturaleza debería poseerla. No se dice en el mismo concepto que el niño y
el eunuco son impotentes para engendrar. Además, a cada potencia se opone
una impotencia particular, lo mismo a la potencia simplemente motriz como
a la que produce el bien. Impotente se entiende con relación a la
impotencia de este género, y también se toma en otro sentido. Se trata de
lo Posible y de lo Imposible (221). Lo imposible es aquello cuyo contrario
es absolutamente verdadero. Y así, es imposible que la relación de la
diagonal con el lado del cuadrado sea conmensurable, porque es falso que
lo sea: no sólo lo contrario es verdadero, sino que es necesario que esta
relación sea inconmensurable, y por consiguiente, no sólo es falso que la
relación en cuestión sea conmensurable, sino que esto es necesariamente
falso. Lo opuesto de lo imposible es lo posible, que es aquello cuyo
contrario no es necesariamente falso. Y así, es posible que el hombre esté
sentado, porque no es necesariamente falso que no esté sentado. Posible,
en un sentido significa como acabamos de decir, lo que no es
necesariamente falso; en otro, es lo que es verdadero o, más bien, lo que
puede serlo.
Sólo metafóricamente emplea la Geometría (222) la palabra potencia;
la potencia en este caso no es un poder real. Pero todas las acepciones de
potencia en tanto que poder, se refieren a la primera potencia, es decir,
al principio del cambio colocado en otro ser en tanto que otro,
Las demás cosas se dicen posibles o potentes, las unas porque otro
ser tiene sobre ellas un poder de este género; las otras, por lo
contrario, porque no están sometidas a este poder; y otras porque este
poder es de una naturaleza determinada. Lo mismo sucede con las acepciones
de impotencia o de imposible; de suerte que la definición de la potencia
primera es: Principio del cambio colocado en otro ser en tanto que otro.
- XIII -
Cantidad
Cantidad (223) se dice de lo que es divisible en elementos
constitutivos, de los que alguno, o todos, es uno y tienen por naturaleza
una existencia propia. La pluralidad es una cantidad cuando puede
contarse; una magnitud cuando puede medirse. Se llama pluralidad lo que es
en potencia divisible en partes no continuas; magnitud lo que puede
dividirse en partes continuas. Una magnitud continua en un solo sentido,
se llama longitud; en dos sentidos, latitud, y en tres, profundidad. Una
pluralidad finita es el número; una longitud finita es la línea. Lo que
tiene latitud determinada es una superficie; lo que tiene profundidad
determinada, un cuerpo. Finalmente, ciertas cosas son cantidades por sí
mismas, otras accidentalmente. Y así, la línea es por sí misma una
cantidad; el músico lo es tan sólo accidentalmente.
Entre las cosas que son cantidades por sí mismas hay unas que lo son
por su esencia, la línea, por ejemplo, porque la cantidad entra en la
definición de la línea; otras no lo son sino como modos, estados de la
cantidad; como lo mucho y lo poco, lo largo y lo corto, lo ancho y lo
estrecho, lo profundo y su contrario, lo pesado y lo ligero y las demás
cosas de este género. Lo grande y lo pequeño, lo mayor y lo menor,
considerados, ya en si mismos, ya en sus relaciones, son igualmente modos
esenciales de la cantidad. Estos nombres, sin embargo, se aplican algunas
veces metafóricamente a otros objetos. Cantidad, tomada accidentalmente,
se entiende, como hemos dicho, de lo músico, de lo blanco, en tanto que se
encuentran en seres que tienen cantidad. El movimiento, el tiempo, se los
llama cantidades en otro sentido. Se dice que tienen una cantidad, que son
continuos, a causa de la divisibilidad, de los seres de que son
modificaciones; divisibilidad, no del ser en movimiento, sino del ser a
que se ha aplicado el movimiento. Porque este ser tiene cantidad, es por
lo que hay también cantidad para el movimiento; y el tiempo no es una
cantidad, sino porque el movimiento lo es.
- XIV -
Cualidad
La Cualidad (224) es, en primer lugar, la diferencia que distingue la
esencia; y así el hombre es un animal que tiene tal cualidad, porque es
bípedo; el caballo, porque es cuadrúpedo. El círculo es una figura que
tiene también tal cualidad: no tiene ángulos. En este sentido, por tanto,
cualidad significa la diferencia que distingue la esencia. Cualidad puede
decirse igualmente de los seres inmóviles y de los seres matemáticos, de
los números, por ejemplo. En este caso están los números compuestos, y no
los que tienen por factor la unidad; en una palabra, los que son
imitaciones de la superficie y del sólido, es decir, los números
cuadrados, los números cúbicos; y, en general, la expresión cualidad se
aplica a todo lo que es la esencia del número distinto de la cantidad. La
esencia del número es el ser producto de la cantidad. La esencia del
número es el ser producto de un número multiplicado por la unidad: la
esencia de seis no es dos veces, tres veces un número, sino una vez,
porque seis es una vez seis. Cualidad se dice también de los atributos de
las sustancias en movimiento. Tales son el calor y el frío, la blancura y
la negrura, la pesantez y la ligereza, y todos los atributos de este
género que pueden revestir alternativamente los cuerpos en sus cambios.
Por último, esta expresión se aplica a la virtud y al vicio, y en general,
al mal y al bien.
Pueden, pues, reducirse los diferentes sentidos de cualidad a dos
principales, uno de los cuales es por excelencia el propio de la palabra.
La cualidad primera es la diferencia en la esencia. La cualidad en los
números forma parte de los números mismos; es realmente una diferencia
entre esencias, pero esencias inmóviles o consideradas en tanto que
inmóviles.
En la segunda clase de cualidades, por lo contrario, se colocan los
modos de los seres en movimiento, en tanto que están en movimiento, y las
diferencias de los movimientos. La virtud, el vicio, pueden considerarse
como formando parte de estos modos, porque son la expresión de las
diferencias de movimiento o de acción en los seres en movimiento que hacen
o experimentan el bien o el mal. Por ejemplo este ser puede ser puesto en
movimiento y obrar de tal manera; entonces es bueno: aquel otro de una
manera contraria, y entonces es malo. El bien y el mal sobre todo reciben
el nombre de cualidades que se dan en los seres animados, y entre éstos
principalmente en los que tienen voluntad.
- XV -
Relación
Relación (225) se dice, o bien del doble con relación a la mitad, del
triple con relación a la tercera parte y, en general, de lo múltiplo con
relación a lo submúltiplo, de lo más con relación a lo menos; o bien es la
relación de lo que calienta a lo que es calentado, de lo que corta a lo
que es cortado y, en general, de lo que es activo a lo que es pasivo.
También es la relación de lo conmensurable a la medida, de lo que puede
ser sabido a la ciencia, de lo sensible a la sensación. Las primeras
relaciones son las numéricas, relaciones indeterminadas o relaciones de
números determinados entre sí o relaciones de un número con la unidad.
Así, la relación numérica de la pluralidad a la unidad no es determinada:
puede ser tal o cual número. La relación de uno y medio con un medio es
una relación de números determinados; la relación del número fraccionado
en general a la fracción, no es una relación de números determinados:
sucede con ella lo que con la de la pluralidad a la unidad. En una
palabra, la relación del más o menos es una relación numérica
completamente indeterminada. El número inferior es ciertamente
conmensurable, pero se le compara a un número inconmensurable. En efecto,
lo más relativamente a lo menos, es lo menos y un resto; este resto es
indeterminado; puede o no ser igual a lo menos.
Todas estas relaciones son relaciones de números o de propiedades de
números, y también relaciones por igualdad, por semejanza, por identidad;
pero éstas son de otra especie. En efecto, bajo cada uno de estos modos
hay unidad: se llama idéntico aquello cuya esencia es una: semejante lo
que tiene la misma cualidad; igual lo que tiene la misma cantidad. Ahora
bien, la unidad es el principio, la medida del número. De suerte que puede
decirse que todas estas relaciones son relaciones numéricas, pero no de la
misma especie que las precedentes. Las relaciones de lo que es activo a lo
que es pasivo son relaciones, ya de las potencias activa y pasiva, ya de
los actos de estas potencias. Así hay relación de lo que puede calentar a
lo que tiene la posibilidad de calentarse, porque hay potencia. Hay
igualmente relación de aquello que calienta a lo que es calentado, de lo
que corta a lo que es cortado, pero relación de seres en acto. Para las
relaciones numéricas, por lo contrario, no hay acto, a menos que se
entienda por esto las propiedades de que hemos hablado en otra parte; el
acto como movimiento no se encuentra en ellas.
En cuanto a las relaciones de potencia, hay por lo pronto las que son
determinadas por el tiempo: éstas son las relaciones del que hace a lo que
es hecho, del que debe hacer a lo que debe ser hecho. En este sentido se
dice que el padre es padre de su hijo; el uno ha hecho, el otro ha
padecido la acción. Hay finalmente cosas que se dicen relativas, como
siendo privaciones de potencia; como lo imposible y demás de este género,
lo invisible, por ejemplo.
Lo que es relativo numéricamente o en potencia es relativo en el
concepto de referirse él a otra cosa, pero no otra cosa a él. Por lo
contrario, lo que es conmensurable, científico, inteligible, se llama
relativo, porque se refiere a otra cosa. Decir que una cosa es
inteligible, es decir que se puede tener inteligencia de esta cosa; porque
la inteligencia no es relativa al ser a que pertenece: hablar de esta
manera sería repetir dos veces la misma cosa. De igual modo la vista es
relativa a algún objeto, no al ser a quien pertenece la vista, bien que
sea cierto decirlo. La vista es relativa o al color o a otra cosa
semejante. En la otra expresión habría dos veces la misma cosa; la vista
es la vista del ser a que pertenece la vista.
Las cosas que en sí mismas son relativas, lo son, o como aquellas de
que acabamos de hablar, o bien porque los géneros de que ellas dependen
son relativos de esta manera. La medicina, por ejemplo, es una de las
cosas relativas, porque la ciencia, de la que es ella una especie, parece
una cosa relativa. También se da el nombre de relativos a los atributos en
cuya virtud los seres que los poseen se dicen relativos: a la igualdad,
porque lo igual es relativo; a la semejanza, porque lo semejante lo es
igualmente. Hay, por último, relaciones accidentales: en este concepto el
hombre es relativo, porque accidentalmente es doble, y lo doble es una
cosa relativa. Lo blanco igualmente puede ser relativo de la misma manera,
si el mismo ser es accidentalmente doble y blanco.
- XVI -
Perfecto
Perfecto (226) se dice por de pronto de aquello que contiene en sí
todo, y fuera de lo que no hay nada, ni una sola parte (227). Así, tal
duración determinada es perfecta cuando fuera de esta duración no hay
ninguna duración que sea parte de la primera. Se llama también perfecto
aquello que, bajo las relaciones del mérito y del bien, no es superado en
un género particular. Se dice: un médico perfecto, un perfecto tocador de
flauta, cuando no les falta ninguna de las cualidades propias de su arte.
Esta calificación se aplica metafóricamente lo mismo a lo que es malo. Se
dice: un perfecto sicofanta; un perfecto ladrón; y también se le suele dar
el nombre de buenos, un buen ladrón, un buen sicofanta. El mérito de un
ser es igualmente una perfección. Una cosa, una esencia es perfecta,
cuando en su género propio no le falta ninguna de las partes que
constituyen naturalmente su fuerza y su grandeza. Se da también el nombre
de perfectas a las cosas que tienden a un buen fin. Son perfectas en tanto
que tienen un fin (228). Y como la perfección es un punto extremo, se
aplica metafóricamente esta palabra a las cosas malas, y se dice: esto
está perfectamente perdido, perfectamente destruido, cuando nada falta a
la destrucción y al mal, cuando éstos han llegado al último término. Por
esto la palabra perfecta se aplica metafóricamente a la muerte: ambos son
el último término. Por último, la razón por qué se hace una cosa, es un
fin, una perfección.
Perfecto en sí se dice, por tanto, o de aquello a que no falta nada
de lo que constituye el bien, de aquello que no es superado en su género
propio, o de lo que no tiene fuera de sí absolutamente ninguna parte.
Otras cosas, sin ser perfectas por sí mismas, lo son en virtud de
aquellas, o porque producen la perfección, o la poseen o están en armonía
con ella, o bien porque sostienen alguna otra especie de relación con lo
que propiamente se llama perfecto.
- XVII -
Término
Término (229) se dice del extremo de una cosa después del cual ya no
hay nada y antes del que está todo. Es también el límite de las magnitudes
o de las cosas que tienen magnitud. Por término de una cosa entiendo el
punto adonde va a parar el movimiento, la acción, y no el punto de
partida. Algunas veces, sin embargo, se da este nombre al punto de
partida, al punto de detención, a la causa final, a la sustancia de cada
ser y a su esencia; porque estos principios son el término del
conocimiento, y como término del conocimiento, son igualmente el término
de las cosas. Es evidente que, según esto, la palabra término tiene tantas
acepciones como principio, y más aún: el principio es un término, pero el
término no es siempre un principio.
- XVIII -
En qué o por qué
En qué o Por qué (230) se toma en muchas acepciones. En un sentido
designa la forma, la esencia de cada cosa; y así aquello en que se es
bueno, es el bien en sí. En otro sentido se aplica al sujeto primero en
que se ha producido alguna cosa, como a la superficie que ha recibido el
color. En qué o por qué en su acepción primera significa, por tanto, en
primer lugar la forma; y en segundo la materia, la sustancia primera de
cada cosa; en una palabra, tiene todas las acepciones del término causa.
En efecto, se dice: ¿por qué ha venido?, como si se dijera: ¿con qué fin
ha venido?, ¿por qué se ha hecho un paralogismo o un silogismo?, en el
sentido de: ¿cuál ha sido la causa del silogismo o del paralogismo? Por
qué y en qué se dice también respecto a la posición: ¿por qué se está en
pie?, ¿por qué se anda? En estos dos casos se trata de la posición y del
lugar.
Conforme a esto, En sí y Por sí (231) se entenderán también
necesariamente de muchas maneras. En sí significará la esencia de un ser,
como Calias y la esencia propia de Calias. Expresará además todo lo que se
encuentra en la noción del ser: Calias es en sí un animal; porque en la
noción de Calias se encuentra el animal: Calias es un animal. En sí se
entiende igualmente del sujeto primero que ha recibido en sí o en alguna
de sus partes alguna cualidad: la superficie en sí es blanca; el hombre en
sí es vivo; porque el alma, parte de la ciencia del hombre, es el
principio de la vida. Se dice también de aquello que no tiene otra causa
que ello mismo. Es cierto que el hombre tiene muchas causas: lo animal, lo
bípedo; sin embargo, el hombre es hombre es sí y por sí. Se dice
finalmente de lo que se encuentra solo en un ser, en tanto que es solo; y
en este sentido lo que está aislado se dice que existe en sí y por sí.
- XIX -
Disposición
La Disposición (232) es el orden de lo que tiene partes, o con
relación al lugar, o con relación a la potencia, o con relación a la
forma. Es preciso, en efecto, que haya en este caso cierta posición, como
indica el nombre mismo: disposición.
- XX -
Estado
Estado (233) en un sentido significa la actividad o la pasividad en
acto; por- ejemplo, la acción o el movimiento; porque entre el ser que
hace y el que padece, hay siempre acción. Entre el ser que viste un traje
y el traje vestido, hay siempre un intermedio: el vestir y el traje.
Evidentemente, el vestir el traje no puede ser el estado del traje
vestido; porque se iría así hasta el infinito si se dijese que el estado
es el estado de un estado. En otro sentido el estado se toma por
disposición, situación buena o mala de un ser, ya en sí, ya con relación a
otro. Así la salud es un estado, porque es una disposición particular.
Estado se aplica también a las diferentes partes, cuyo conjunto constituye
la disposición; en este sentido, la fuerza o la debilidad de los miembros
en un estado de los miembros.
- XXI -
Pasión
Pasión (234) se dice de las cualidades que puede alternativamente
revestir un ser; como lo blanco y lo negro, lo dulce y lo amargo, la
pesantez y la ligereza, y todas las demás de este género. En otro sentido,
es el acto mismo de estas cualidades, el tránsito de una a otra. Pasión,
en este último caso, se dice más bien de las cualidades malas, y sobre
todo se aplica a las tendencias deplorables y perjudiciales. En fin, se da
el nombre de pasión a una grande y terrible desgracia.
- XXII -
Privación
Se dice que hay Privación (235) ya cuando un ser no tiene alguna
cualidad que no debe encontrarse en él, y que por su natural no debe
tener, y en este sentido se dice que una planta privada de ojos; ya
cuando, debiendo naturalmente encontrarse esta cualidad en él, o en el
género a que pertenece, sin embargo, no la posee. Así el hombre ciego está
privado de vista, de distinta manera que lo está el topo; en el último
caso la privación es un hecho general, en el otro es un hecho individual.
Hay también privación cuando, debiendo un ser tener naturalmente una
cualidad en una época determinada, llega esta época y no la tiene. La
ceguera es una privación, pero no se dice que un ser es ciego a una edad
cualquiera, sino sólo si no tiene la vista a la edad que naturalmente debe
tenerla. Hay igualmente privación cuando no se tiene tal facultad en la
parte que se debe tener, aplicada a los objetos a que debe aplicarse, en
las circunstancias y manera convenientes. La supresión violenta también se
llama privación.
En fin, todas las negaciones indicadas por la partícula in o
cualquiera otra semejante (236), expresan otras tantas privaciones. Se
dice que un objeto es desigual, cuando no hay igualdad que le sea natural;
invisible, cuando está absolutamente sin color, o cuando está débilmente
coloreado; se llama sin pies, el que no tiene pies o los tiene malos. Hay
igualmente privación de una cosa cuando está en pequeña cantidad: como un
fruto sin pepita, por un fruto que tiene sólo una pequeña pepita; o bien
cuando esta cosa se hace difícilmente o mal: incortable no significa sólo
que no puede ser cortado, sino que se corta difícilmente o se corta mal.
En fin, privación significa falta absoluta. No se llama ciego al que sólo
ve con un ojo, sino al que no ve con ninguno de los dos. Conforme a esto,
no es todo ser bueno o malo, justo o injusto; hay grados intermedios entre
éstos.
- XXIII -
Posesión
La Posesión (237) se expresa de muchas maneras. Por de pronto indica
lo que imprime una acción en virtud de su naturaleza o de un efecto
propio: y así se dice que la fiebre posee al hombre, que el tirano posee
la ciudad, que los que están vestidos poseen su vestido. También se
entiende por el objeto que padece la acción: por ejemplo, el bronce tiene
o posee la forma de una estatua, el cuerpo posee la enfermedad; además, lo
que envuelve con relación a lo envuelto, porque el objeto que envuelve
otro, es claro que lo contiene. Decimos: el vaso contiene el líquido, la
ciudad contiene los hombres, la nave los marineros; así como el todo
contiene las partes. Lo que impide a un ser moverse u obrar conforme a su
tendencia, retiene este ser. En este sentido se dice: que las columnas
sostienen las masas que tienen encima; que Atlas, como dicen los poetas,
sostiene el Cielo. Sin sostén, caería sobre la Tierra, como pretenden
algunos sistemas de física. En el mismo sentido se aplica también la
palabra tener a lo que retiene los objetos; sin esto, se separarían en
virtud de su fuerza propia. En fin, lo contrario de la posesión se explica
de tanta maneras como la posesión y en correspondencia con las expresiones
que acabamos de enumerar.
- XXIV -
Ser o Provenir de
Ser o Provenir de (238), se aplica en un sentido a aquello de que
está hecha una cosa, como la materia; en cuyo caso hay un doble punto de
vista que considerar, la materia primera o tal especie particular de
materia. Ejemplo de lo primero: lo que es fusible proviene del agua.
Segundo punto de vista: la estatua proviene del bronce. En otro sentido se
dice del principio del movimiento. ¿De dónde proviene el combate, por
ejemplo? Del insulto, porque es el principio del combate. Se aplica
igualmente al conjunto de la materia y de la forma. Y así se dice, las
partes provienen del todo; y en verso, de la Ilíada; las piedras de la
casa, porque una forma es un fin, y lo que tiene un fin es perfecto (239).
Desde otro punto de vista, el todo viene de la parte; y así el hombre
viene del bípedo, la sílaba del elemento. Pero no al modo que la estatua
proviene del bronce: la sustancia compuesta viene de la materia sensible;
la especie viene de la materia de la especie. Además de estos ejemplos, la
expresión de que trata se aplica a las cosas que provienen de alguna de
estas maneras, pero provienen sólo de una parte determinada. En este
sentido se dice que el hijo viene del padre y de la madre, que las pantas
provienen de la tierra, porque provienen de alguna de sus partes.
Provenir, en otro sentido, sólo indica la sucesión en el tiempo. Y
así la noche proviene del día, la tempestad de la calma, en vez de decir
que lo uno sigue al otro. A veces hay retroceso del uno al otro, como en
los ejemplos que acabamos de citar; otras veces hay sucesión invariable:
ha partido a seguida el equinoccio para el embarque, es decir, después del
equinoccio, los targelianos (240) a seguida de los dionisianos (241),
queriendo decir después de los dionisianos (242).
- XXV -
Parte
Parte (243), en un sentido se dice de aquello en que se puede dividir
una cantidad cualquiera. Porque siempre lo que se quita de una cantidad,
en tanto que cantidad, se llama parte de esta cantidad. Y así dos pueden
considerarse como parte de tres. En otro sentido, se da sólo este nombre a
lo que mide exactamente las cantidades; de suerte que, bajo un punto de
vista, dos será parte de tres, y bajo otro, no. Aquello en que pueda
dividirse un género, el género animal, por ejemplo, de distinta manera que
bajo la relación de la cantidad se llama también parte de este género.
Parte se dice igualmente de aquello en que puede dividirse un objeto, o de
aquello que constituye el todo o la forma, o lo que tiene la forma. El
bronce, por ejemplo es una parte de la esfera o del cubo de bronce, es la
materia que recibe la forma. El ángulo es también una parte. Por último,
los elementos de la definición de cada ser particular son también partes
del todo. De suerte que, bajo este punto de vista, puede considerarse el
género como parte de la especie; bajo otro, por lo contrario, la especie
es parte del género.
- XXVI -
Todo
Todo (244) se dice de aquello a que no falta ninguna de las partes
que constituyen naturalmente un todo; o bien de aquello que abraza otros
seres, si tiene unidad; y de los seres comprendidos, si forman una unidad.
Bajo este último punto de vista se presentan dos casos: o bien cada uno de
los seres comprendidos es uno, o bien la unidad resulta de su conjunto. Y
así, en cuanto al primer caso, lo universal (porque lo universal recibe el
nombre de todo, en tanto que designa un conjunto) es universal porque
abraza muchos seres, a cada uno de los cuales se aplica, y todo estos
seres particulares forman una unidad común, por ejemplo, hombre, caballo,
dios, porque son todos seres vivos. En el segundo caso, lo continuo
determinado se llama todo o conjunto porque es una unidad resultante en
muchas partes integrantes, sobre todo cuando éstas existen en potencia, y
a veces también cuando existen en acto.
Los objetos naturales tienen más bien este carácter que los de arte,
como hemos hecho observar al tratar de la unidad; porque el todo o
conjunto es una especie de unidad.
Añádase a esto que las cantidades que tienen un principio, un medio y
un fin, las cosas en las que la posición no produce ningún cambio, se las
llama Todo; las que experimentan un cambio por la posición, se las llama
Conjunto. Las que pueden reunir los dos caracteres son a la vez conjunto y
todo (245). En este caso se encuentran aquellas cuya naturaleza permanece
la misma en la dislocación de las partes, pero cuya forma varía; como la
cera, un traje. Se aplica a estos objetos las expresiones todo y conjunto,
porque tienen los dos caracteres. Pero el agua, los cuerpos líquidos, los
números, reciben solamente la denominación de todo. La palabra conjunto no
se aplica ni a los números ni al agua, sino metafóricamente. La expresión
Todos (246) se aplica a las cosas que se llamarían todo, considerándolas
como unidad; si se las considera como divididas, se les aplica el plural:
todo este número, todas mónadas.
- XXVII -
Truncado
Mutilado o truncado (247) se dice de las cantidades, pero no de todas
indistintamente; es preciso no sólo que puedan ser divididas, sino también
que formen un conjunto: el número dos no resulta mutilado si se quita una
de las dos unidades, porque la parte quitada por mutilación jamás es igual
a lo que queda del objeto. Lo mismo sucede con todos los números. Para que
haya mutilación, es preciso que la esencia persista; cuando una copa se
mutila, es aún una copa. Ahora bien, el número, después de la mutilación,
no queda el mismo. No basta, sin embargo, para que haya mutilación, que
las partes del objeto sean diferentes. Hay números cuyas partes difieren:
estas partes pueden ser dos y tres. En general, no hay mutilación respecto
de las cosas en que la colocación de las partes es indiferente, como el
fuego y el agua; para que haya mutilación, es preciso que la colocación de
las partes afecte a la esencia misma del objeto. Es preciso, además, que
haya continuidad; porque hay en una armonía tonos diferentes dispuestos en
un orden determinado y, sin embargo, no se dice jamás que se mutila una
armonía. Unid a esto que esta expresión no se aplica ni a todo conjunto,
cualquiera que él sea, ni a un conjunto privado de una parte cualquiera.
No es preciso arrancar las partes consecutivas de la esencia; el punto que
ocupaban las partes no es tampoco indiferente. No se dice mutilada una
copa por estar rajada; lo está cuando el asa o el borde han sido
arrancados. Un hombre no está mutilado por haber perdido parte de la
gordura o el bazo (248), si no ha perdido alguna extremidad; y esto no
respecto a todas las extremidades; es preciso que sea tal que, una vez
mutilada, no puede reproducirse jamás. Por esto no se dice de los calvos
que están mutilados.
- XXVIII -
Género
Género o Raza (249) se emplea en primer lugar, para expresar la
generación continua de los seres que tienen la misma forma (250). Y así se
dice; mientras subsista el género humano; en lugar de decir: mientras haya
generación no interrumpida de hombres. Se dice igualmente con relación a
aquello de que se derivan los seres, al principio que los ha hecho pasar a
ser: los helenos, los jonios. Estos nombres designan razas, porque son
seres que tienen los unos a Helen y los otros a Jon por autores de su
existencia. Raza se dice más bien con relación al generador con relación a
la materia. Sin embargo, el género viene también de la hembra, y así se
dice: la raza de Pirra.
Otro sentido de la palabra género: la superficie es el género de las
figuras planas, el sólido de las figuras sólidas; porque cada figura es o
tal superficie o tal sólido: la superficie y el sólido en general son los
objetos que se diferencian en los casos particulares. En las definiciones
se da el hombre de género a la noción fundamental y esencial, cuyas
cualidades son las diferencias (251).
Tales son las diversas acepciones de la palabra género. Se aplica,
pues, o a la generación continua de los seres que tienen la misma forma, o
a la producción de una misma especie por un orden motor común, o a la
comunidad de materia; porque lo que tiene diferencia, cualidad, es el
sujeto común, es lo que llamamos la materia.
Se dice que hay diferencia de género cuando el sujeto primero es
diferente, cuando las cosas no pueden resolverse las unas en las otras, ni
entrar todas en la misma cosa. Y así la forma y la materia difieren por el
género, y lo mismo sucede con todos los objetos que se refieren a
categorías del ser diferentes (recuérdese que el ser expresa, ya la forma
determinada, ya la cualidad, y todas las demás distinciones que hemos
establecido precedentemente): estos modos no pueden efectivamente entrar
los unos en los otros ni resolverse en uno solo.
- XXIX -
Falso
Falso (252) se entiende en un sentido la falsedad en las cosas (253),
y entonces hay falsedad, o porque las cosas no son realmente, o porque es
imposible que sean; como si se dijese, por ejemplo, que la relación de la
diagonal con el lado del cuadrado es conmensurable, o que no está sentado:
lo uno es absolutamente falso, lo otro lo es accidentalmente; pero en uno
y otro caso el hecho no es cierto.
Falso se dice también de las cosas que existen realmente, pero que
aparecen de otra manera de como son lo que no son; por ejemplo, la sombra,
los ensueños, que tienen alguna realidad, pero que son los objetos cuya
imagen representan. Y así se dice que las cosas son falsas, o porque no
existen absolutamente, o porque no son más que apariencias y no
realidades.
Una definición falsa es la que expresa cosas que no hay; digo falsa
en tanto que falsa. Y así una definición será falsa cuando recaiga sobre
otro objeto que aquel con relación al que es verdadero: por ejemplo, lo
que es verdadero del círculo es falso del triángulo. La definición de cada
ser es una, bajo un punto de vista, porque se define por la esencia; bajo
otro punto de vista es múltiple, porque hay el ser en sí, y después el ser
con sus modificaciones; hay Sócrates y Sócrates músico. Pero la definición
falsa no es propiamente definición de cosa alguna.
Estas consideraciones prueban la necedad de lo que dice Antístenes;
que no se puede hacer de un mismo ser más que una sola definición, la
definición propia; de donde resultaría que no hay contradicción y, en
último resultado, que nada es falso. Pero observemos que se puede definir
todo ser, no sólo por su propia definición, sino por la de otro ser;
definición falsa en tal caso, o absolutamente falsa (254), o verdadera
desde cierto punto de vista (255): puede decirse que ocho es doble, y tal
es la noción misma del número dos. Tales son las significaciones de la
palabra falso.
Se dice que un hombre es falso cuando ama y busca la falsedad, sin
ningún otro fin, y sólo por la falsedad misma, o bien cuando arrastra a
otros a la falsedad. En este último sentido damos el nombre de falsas a
cosas que presentan una imagen falsa, y por lo tanto es falsa la
proposición de Hipias (256), de que el mismo ser es a la vez verídico y
mentiroso. Sócrates llama embustero al que puede mentir, y por esto
entiende el que es instruido y sagaz. Añade que el que es malo
voluntariamente vale más que el que lo es involuntariamente. Y esta
falsedad intenta demostrarla por una inducción. El que cojea con intención
vale más que el que cojea involuntariamente, y por cojear entiende imitar
a un cojo. Pero en realidad, el que cojea con intención será peor
seguramente. En éste sucede lo que con la maldad en el carácter.
- XXX -
Accidente
Accidente (257) se dice de lo que se encuentra en un ser y puede
afirmarse con verdad, pero que no es, sin embargo, ni necesario ni
ordinario. Supongamos que cavando un hoyo para poner un árbol se encuentra
un tesoro. Es accidental que el que cava un hoyo encuentre un tesoro;
porque ni es lo uno consecuencia ni resultado necesario del otro, ni es
ordinario tampoco que plantando un árbol se encuentre un tesoro.
Supongamos también que un músico sea blanco; como no es necesario ni
general, a esto llamamos accidente. Por tanto, si sucede una cosa,
cualquiera que ella sea, a un ser, aun en ciertas circunstancias de lugar
y de tiempo, pero sin que haya causa que determine su esencia, sea
actualmente, sea en tal lugar, esta cosa será un accidente. El accidente
no tiene, pues, ninguna causa determinada; tiene sólo una cosa fortuita; y
por lo fortuito es lo indeterminado (258). Por accidente se arriba a
Egina, cuando no se hizo ánimo de ir allí, sino que le ha llevado a uno la
tempestad o los piratas. El accidente se produce, existe, pero no tiene la
causa en sí mismo, y sólo existe en virtud de otra cosa. La tempestad ha
sido causa de que hayáis arribado a donde no queríais, y este punto es
Egina.
La palabra accidente se entiende también de otra manera; se dice de
lo que existe de suyo en un objeto, sin ser uno de los caracteres
distintivos de su esencia: tal es la propiedad del triángulo, de que sus
tres ángulos valgan dos ángulos rectos (259). Estos accidentes pueden ser
eternos; los accidentes propiamente dichos no lo son; ya hemos dado la
razón de esto en otra parte (260).
Libro sexto
I. La ciencia teórica es la que trata del ser. Hay tres ciencias teóricas:
la física, la ciencia matemática y la teología. -II. Del accidente. No hay
ciencia del accidente. -III. Los principios y las causas del accidente se
producen y se destruyen, sin que en el mismo acto haya ni producción ni
destrucción. -IV. El ser como verdad y el no-ser como falsedad.
- I -
Indagamos los principios y las causas de los seres, pero
evidentemente de los seres en tanto que seres. Hay una causa que produce
la salud y el bienestar; las matemáticas tienen también principios,
elementos, causas; y, en general, toda ciencia intelectual o que participa
de la inteligencia en cualquier concepto recae sobre las causas y
principios más o menos rigurosos, más o menos simples. Pero todas estas
ciencias sólo abrazan un objeto determinado; tratan sólo de este género,
de este objeto, sin entrar en ninguna consideración sobre el ser
propiamente dicho, ni sobre el ser en tanto que ser, ni sobre la esencia
de las cosas. Ellas parten del ser, unas del ser revelado por los
sentidos, otras de la esencia admitida como hecho fundamental (261);
después, estudiando los problemas esenciales del género de ser de que se
ocupan, deducen principios, demostraciones más o menos absolutas, más o
menos probables; y es claro que de semejante inducción no resulta ni una
demostración de la sustancia, ni una demostración de la esencia, porque
para llegar a este resultado se necesita otro género de demostración. Por
la misma razón estas ciencias nada dicen de la existencia o de la no
existencia del género de seres de que tratan; porque el demostrar qué es
la esencia y el probar la existencia dependen de la misma operación
intelectual.
La Física es la ciencia de un género de seres determinado; se ocupa
de la sustancia que posee en sí el principio del movimiento y del reposo.
Evidentemente no es una ciencia práctica ni una ciencia creadora. El
principio de toda creación es, en el agente, el espíritu, el arte o cierta
potencia. La voluntad es en el agente el principio de toda práctica; es lo
mismo que el objeto de acción y el de la elección. Por tanto, si toda
concepción intelectual tiene a la vista la práctica, la creación o la
teoría (262), la Física será una ciencia teórica, pero la ciencia teórica
de los seres que son susceptibles de movimiento, y la ciencia de una sola
esencia, de aquella cuya noción es inseparable de un objeto material.
Pero es preciso ignorar lo que es la forma determinada, la noción
esencial de los seres físicos; indagar la verdad sin este conocimiento es
hacer vanos esfuerzos. En cuanto a la definición, a la esencia, se
distinguen dos casos: tomemos por ejemplo lo chato y lo romo (263). Estas
dos cosas difieren, en cuanto lo chato no se concibe sin la materia: lo
chato es la nariz roma; mientras que, por lo contrario, el de nariz
arremangada se concibe independientemente de toda materia sensible. Ahora
bien, si todos los objetos físicos están en el mismo caso que lo chato,
como la nariz, ojo, cara, carne, hueso y, en fin, el animal; las hojas,
raíces, corteza y, por último, la planta (porque la noción de cada uno de
estos objetos va siempre acompañada de movimiento, y tienen siempre una
materia), se ve claramente cómo es preciso indagar y definir la forma
esencial de los objetos físicos, y por qué el físico debe ocuparse de esta
alma, que no existe independientemente de la materia (264).
Es evidente, en vista de lo que precede, que la Física es una ciencia
teórica. La ciencia matemática es teórica igualmente; ¿pero los objetos de
que se ocupa son realmente inmóviles e independientes? Esto es lo que no
sabemos aún (265), y lo que sabemos, sin embargo, es que hay seres
matemáticos que esta ciencia considera en tanto que inmóviles, en tanto
que independientes. Si hay algo que sea realmente inmóvil, eterno,
independiente, a la ciencia teórica pertenece su conocimiento. Ciertamente
este conocimiento no es patrimonio de la Física, porque la Física tiene
por objeto seres susceptibles de movimiento; tampoco pertenece a la
ciencia matemática; sino que es de la competencia de una ciencia superior
a ambas. La Física estudia seres inseparables de la materia, y que pueden
ser puestos en movimiento. Algunos de aquellos de que trata la ciencia
matemática son inmóviles, es cierto, pero inseparables quizá de la
materia, mientras que la ciencia primera tiene por objeto lo independiente
y lo inmóvil. Todas las causas son necesariamente eternas, y las causas
inmóviles e independientes lo son por excelencia, porque son las causas de
los fenómenos celestes (266).
Por lo tanto, hay tres ciencias teóricas: Ciencia matemática, Física
y Teología. En efecto, si Dios existe en alguna parte, es en la naturaleza
inmóvil e independiente donde es preciso reconocerle. De otro lado la
ciencia por excelencia debe tener por objeto el ser por excelencia. Las
ciencias teóricas están a la cabeza de las demás ciencias, y ésta de que
hablamos está a la cabeza de las ciencias teóricas (267).
Puede preguntarse si la filosofía primera es una ciencia universal, o
bien si se trata de un género único y de una sola naturaleza. Con esta
ciencia no sucede lo que con las ciencias matemáticas; la Geometría y la
Astronomía tienen por objeto una naturaleza particular, mientras la
filosofía primera abraza, sin excepción, el estudio de todas las
naturalezas. Si entre las sustancias que tienen una materia, no hubiese
alguna sustancia de otra naturaleza, la Física sería entonces la ciencia
primera. Pero si hay una sustancia inmóvil, esta sustancia es anterior a
las demás, y la ciencia primera es la Filosofía. Esta ciencia, por su
condición de ciencia primera, es igualmente la ciencia universal, y a ella
pertenecería el estudiar el ser en tanto que ser, la esencia, y las
propiedades del ser en tanto que ser.
- II -
El ser propiamente dicho se entiende en muchos sentidos. Por lo
pronto hay el ser accidental, después el ser que designa la verdad, y
también el no-ser que designa lo falso; además, cada forma de la
atribución es una manera de examinar el ser: se le considera bajo la
relación de la esencia, de la cualidad, de la cantidad, del lugar, del
tiempo, y bajo otros puntos de vista análogos; hay, por último, el ser en
potencia y el ser en acto.
Puesto que se trata de las diversas acepciones que se dan al ser,
debemos observar, ante todo, que no hay ninguna especulación que tenga por
objeto el ser accidental; y la prueba es que ninguna ciencia, ni práctica,
ni creadora, ni teórica, toma en cuenta el accidente. El que hace una casa
no hace los diversos accidentes, cuyo sujeto es esta construcción, porque
el número de los accidentes es infinito. Nada impide que la casa
construida parezca agradable a los unos, desagradable a los otros, útil a
éstos, y revista, por decirlo así, toda clase de seres diversos, no siendo
ninguno de ellos producto del arte de construir. De igual modo el geómetra
no se ocupa ni de los accidentes de este género, cuyo sujeto son las
figuras, ni de la diferencia que pueda haber entre el triángulo realizado
y el triángulo que tiene la suma de los tres ángulos igual a dos rectos. Y
hay motivo para que esto sea así; el accidente no tiene, en cierta manera,
más que una existencia nominal. Así, no sin razón, bajo cierto punto de
vista, Platón ha colocado en la clase del no-ser el objeto de la Sofistica
(268). El accidente es el que los sofistas han tomado, prefiriéndolo a
todo, si puedo decirlo así, por texto de sus discursos. Se preguntan si
hay diferencia o identidad entre músico y gramático, entre Corisco músico
y Corisco; si todo lo que existe, pero que no ha existido en todo tiempo,
ha devenido o llegado a ser; y, por consiguiente, si el que es músico se
ha hecho gramático, o el que es gramático, músico; y plantean otras
cuestiones análogas. Ahora bien, el accidente parece que es algo que
difiere poco del no-ser (269), como se ve en semejantes cuestiones. Todos
los demás seres de distinta especie se hacen, no devienen y se destruyen,
lo cual no sucede con el ser accidental.
Sin embargo, deberemos decir, en cuanto nos sea posible, cuál es la
naturaleza de lo accidental, y cuál es su causa de existencia: quizá se
verá por este medio, por qué no hay ciencia de lo accidental.
Entre los seres hay unos que permanecen en el mismo estado siempre y
necesariamente, no a consecuencia de esa necesidad que equivale a la
violencia, sino de la que se define diciendo que es la imposibilidad de
ser de otra manera; mientras que los otros no permanecen necesariamente,
ni siempre, ni de ordinario: he aquí el principio, la causa del ser
accidental. Lo que no subsiste, ni siempre, ni en la mayoría de los casos,
es lo que llamamos accidente. Hace gran frío y viento en la canícula, y
decimos que es accidental; y nos servimos de otras expresiones, cuando
hace calor y sequedad. Esto último es lo que sucede siempre, o al menos
ordinariamente, mientras que lo primero es accidental. Es un accidente que
el hombre sea blanco, porque no lo es siempre, ni ordinariamente; pero no
es accidental el ser animal. Que el arquitecto produzca la salud no deja
de ser un accidente, porque no es propio de la naturaleza del arquitecto
producir la salud, sino de la del médico, y es un accidente que el
arquitecto sea médico. Aun cuando el cocinero sólo atienda a satisfacer el
gusto, puede suceder que sus viandas sean útiles a la salud; pero este
resultado no proviene del arte culinario, y así decimos que es un
resultado accidental: el cocinero llega a veces a conseguir este
resultado, pero no absolutamente.
Hay seres que son producto de ciertas potencias: los accidentes, al
contrario, no son productos de un arte, ni de ninguna potencia
determinada. Lo que existe o deviene accidentalmente, no puede tener sino
una causa accidental. No hay necesidad ni eternidad en todo lo que existe
o deviene: las más de las cosas no existen sino frecuentemente; es
preciso, pues, que haya un ser accidental. Y así, lo blanco no es músico,
ni siempre, ni ordinariamente. Esto se verifica algunas veces, y esto es
un accidente, porque de otro modo todo sería necesario. De suerte que la
causa de lo accidental es la materia, en tanto que es susceptible de ser
otra de lo que es ordinariamente.
Una de las dos cosas: o no hay nada que exista siempre, ni
ordinariamente, o esta suposición es imposible. Luego hay otras cosas que
son efectos del azar y los accidentes. Pero en los seres, ¿tiene lugar
sólo el frecuentemente y de ninguna manera el siempre, o bien hay seres
eternos? Este es un punto que discutiremos más adelante.
Se ve claramente que no hay ciencia de lo accidental. Toda ciencia
tiene por objeto lo que acontece siempre y de ordinario. ¿Cómo sin esta
circunstancia puede uno mismo aprender o enseñar a otros? Para que haya
ciencia es precisa la condición del siempre o del frecuentemente. Y así:
el agua con la miel es ordinariamente buena para la fiebre. Pero no se
podrá fijar la excepción, y decir que no es buen remedio, por ejemplo, en
la luna nueva, porque lo mismo en la luna nueva que en todos o la mayor
parte de casos lo puede ser. Ahora bien, lo accidental es la excepción.
He aquí lo que teníamos que decir en cuanto a la naturaleza del
accidente, a la causa que le produce y a la imposibilidad de una ciencia
del ser accidental.
- III -
Es claro que los principios y causas de los accidentes se producen y
destruyen, sin que haya en este caso ni producción ni destrucción. Si no
se verificase así, si la producción y destrucción del accidente tuviesen
necesariamente una causa no accidental, entonces todo seria necesario.
¿Será o no será esto? Sí, si tal cosa tiene lugar; si no, no. Y esta
cosa tendrá lugar, si no tiene otra cosa. Y prosiguiendo de esta manera, y
quitando siempre del tiempo un tiempo finito, evidentemente se llegará al
instante actual. Tal hombre, ¿morirá de enfermedad o de muerte violenta?
De muerte violenta, si sale de la ciudad; saldrá de la ciudad, si tiene
sed, y tendrá sed mediante otra condición. De esta manera se llega a un
hecho actual, o a algún hecho ya realizado. Por ejemplo, saldrá de la
ciudad, si tiene sed; tendrá sed, si come alimentos salados; este último
hecho existe o no existe. Es de toda necesidad, por tanto, que este hombre
muera o no de muerte violenta. Si nos remontamos a los hechos realizados,
también se aplica el mismo razonamiento; porque ya hay en el ser dado la
condición de lo que será, a saber, el hecho que se ha realizado. Todo lo
que sucederá, por tanto, necesariamente. Así, es necesario que el ser que
vive, muera; porque hay ya en él la condición necesaria; por ejemplo, la
reunión de los elementos contrarios en un mismo cuerpo. Pero ¿morirá de
enfermedad o de muerte violenta? La condición necesaria no está aún
cumplida, y no lo estará mientras no tenga lugar tal cosa.
Por lo tanto, es evidente que de esta manera se asciende hasta un
principio, el cual no se resuelve en ningún otro. Éste es el principio de
lo que sucede de una manera indeterminada; este principio ninguna causa le
ha producido. Pero ¿a qué causa y principio conduce semejante reducción?
¿A la materia, a la causa final, a la del movimiento? Esto es lo que
examinaremos con el mayor cuidado.
- IV -
En cuanto al ser accidental, atengámonos a lo que precede, pues que
hemos determinado suficientemente cuáles son sus caracteres. Por lo que
hace al ser en tanto que verdadero, y al no ser en tanto que falso, sólo
consiste en la reunión y la separación del atributo y del sujeto, en una
palabra, en la afirmación o la negación. Lo verdadero es la afirmación de
la conveniencia del sujeto con el atributo; la negación la afirmación de
su disconveniencia. Lo falso es lo opuesto de esta afirmación y de esta
negación. Pero ¿en qué consiste que concebimos, ya reunidos, ya separados,
el atributo y el sujeto? (Cuando hablo de reunión o de separación,
entiendo una reunión que produce, no una sucesión del objeto, sino un ser
uno). De esto no se trata al presente (270). Lo falso y lo verdadero no
están en las cosas, como, por ejemplo, si el bien fuese lo verdadero, y el
mal lo falso. Sólo existen en el pensamiento; y las nociones simples, la
concepción de las puras esencias, tampoco producen nada semejante en el
pensamiento (271). Más adelante nos ocuparemos del ser y del no-ser en
tanto que verdadero y falso. Bástenos haber observado que la conveniencia
o la disconveniencia del sujeto con el atributo existen en el pensamiento
y no en las cosas, y que el ser en cuestión no tiene existencia propia;
porque lo que el pensamiento reúne o separa del sujeto, puede ser, o la
esencia, o la cualidad, o la cantidad, o cualquiera otro modo del ser.
Dejemos, pues, aparte el ser en tanto que verdadero, como lo hemos hecho
respecto al ser accidental. En efecto, la causa de éste es indeterminada;
la del otro no es más que una modificación del pensamiento. Ambos tienen
por objeto los diversos géneros del ser, y no manifiestan, ni el uno ni el
otro, naturaleza alguna particular del ser. Pasémoslos, pues, ambos en
silencio, y ocupémonos del examen de las causas y de los principios del
ser mismo en tanto que ser; y recordemos que, al fijar el sentido de los
términos de la filosofía, hemos sentado que el ser se toma en muchas
acepciones.
Libro séptimo
I. Del primer ser. -II. Dificultades relativas a la sustancia. -III. De la
sustancia. -IV, V y VI. De la forma sustancial. -VII. De la producción.
-VIII. La forma y la esencia del objeto no se producen. -IX. Por qué
ciertas cosas proceden del arte y el azar. -X. La definición de las
partes, ¿debe o no entrar en la del todo? ¿Son las partes anteriores al
todo o el todo a las partes? -XI. De las partes de la especie. -XII.
Condiciones de la definición. -XIII. Lo universal no es sustancia. -XIV.
Refutación de los que admiten las ideas como sustancias y que les
atribuyen una existencia independiente. -XV. No puede haber definición ni
demostración de la sustancia de los seres sensibles particulares. -XVI. No
hay sustancia compuesta de sustancias. -XVII. Algunas observaciones sobre
la sustancia y la forma sustancial.
- I -
El ser se entiende de muchas maneras, según lo hemos expuesto más
arriba, en el libro de las diferentes acepciones (272). Ser significa, ya
la esencia, la forma determinada (273), ya la cualidad, la cantidad o cada
uno de los demás atributos de esta clase. Pero entre estas numerosas
acepciones del ser, hay una acepción primera; y el primer ser es sin
contradicción la forma distintiva, es decir, la esencia. En efecto, cuando
atribuimos a un ser tal o cual cualidad, decimos que es bueno o malo,
etc., y no que tiene tres codos o que es un hombre, cuando queremos, por
lo contrario, expresar su naturaleza, no decimos que es blanco o caliente
ni que tiene tres codos de altura, sino que decimos que es un hombre o un
dios. Las demás cosas no se las llama seres, sino en cuanto son: o
cantidades del ser primero, o cualidades, o modificaciones de este ser, o
cualquier otro atributo de este género. No es posible decidir si andar,
estar sano, sentarse son o no seres, y lo mismo sucede con todos los demás
estados análogos. Porque ninguno de estos modos tiene por sí mismo una
existencia propia; ninguno puede estar separado de la sustancia. Si estos
son seres, con más razón lo que anda es un ser, así como lo que está
sentado, y lo que está sano. Pero estas cosas no parecen tan grabadas con
el carácter del ser, sino en cuanto bajo cada una de ellas se oculta un
ser, un sujeto determinado. Este sujeto es la sustancia, es el ser
particular, que aparece bajo los diversos atributos. Bueno, sentado, no
significan nada sin esta sustancia. Es evidente que la existencia de cada
uno de estos modos depende de la existencia misma de la sustancia. En
vista de esto, es claro que la sustancia será el ser primero, no tal o
cual modo del ser, sino el ser tomado en su sentido absoluto.
Primero se entiende en diferentes sentidos (274); sin embargo, la
sustancia es absolutamente primera bajo la relación de la noción, del
conocimiento, del tiempo y de la naturaleza. Ninguno de los atributos del
ser puede darse separado; la sustancia es la única que tiene este
privilegio, y en esto consiste su prioridad bajo la relación de la noción.
En la noción de cada uno de los atributos es necesariamente preciso que
haya la noción de la sustancia misma, y creemos conocer mejor una cosa
cuando sabemos cuál es su naturaleza; por ejemplo, qué es el hombre o el
fuego, mejor que cuando sabemos cuál es su calidad, su cantidad y el lugar
que ocupa. Sólo llegamos a tener un conocimiento perfecto de cada uno de
estos mismos modos cuando sabemos en qué consiste, y qué es la cantidad,
qué es la cualidad. Así el objeto de todas las indagaciones pasadas y
presentes; la pregunta que eternamente se formula: ¿qué es el ser?, viene
a reducirse a ésta: ¿qué es la sustancia?
Unos dicen que no hay más que un ser, otros que hay muchos; éstos que
hay cierto número de ellos, aquéllos que hay una infinidad. Nuestras
indagaciones deben también tener por fin, por primer fin, y en cierta
manera único, examinar qué es el ser desde este punto de vista.
- II -
La existencia de la sustancia parece manifiesta, sobre todo en los
cuerpos, y así llamamos sustancias a los animales, a las plantas y a las
partes de las plantas y de los animales, así como a los cuerpos físicos,
como el fuego, el agua, la tierra, o cualquiera de los seres de este
género, sus partes y lo que proviene de una de sus partes o de su
conjunto, como el cielo; finalmente, las partes del cielo, los astros, la
Luna, el Sol. ¿Son éstas las únicas sustancias? ¿Hay, además, otras, o
bien ninguna de éstas es sustancia, y pertenece este carácter a otros
seres? Esto es lo que debemos examinar.
Algunos creen que los límites de los cuerpos, como la superficie, la
línea, el punto, y también la mónada, son sustancias, más sustancias, si
se quiere, que el cuerpo y el sólido. Además, unos creen que no hay nada
que sea sustancia fuera de los seres sensibles (275); otros admiten varias
sustancias, y son sustancias ante todo, según ellos, los seres eternos; y
así Platón dice, que las ideas y los seres matemáticos son por lo pronto
dos sustancias y que hay una tercera, la sustancia de los cuerpos
sensibles. Espeusipo (276) admite un número mucho mayor de ellas, siendo
la primera, en su opinión, la unidad; después aparece un principio
particular para cada sustancia, uno para los números, otro para las
magnitudes, otro para el alma, y de esta manera, multiplica el número de
las sustancias. Hay, por último, algunos filósofos, que consideran como
una misma naturaleza las ideas y los números; derivándose, en su opinión,
de ellos todo lo demás, como líneas, superficies, hasta la sustancia del
cielo, y los cuerpos sensibles.
¿Quién tiene razón, quién no la tiene? ¿Cuáles son las verdaderas
sustancias? ¿Hay o no otras sustancias que las sensibles? Y si hay otras,
¿cuál es su modo de existencia? ¿Hay una sustancia separada de las
sustancias sensibles? ¿Por qué y cómo? ¿O bien no hay más que las
sustancias sensibles? Tales son las cuestiones que es preciso examinar,
después de haber expuesto lo que es la sustancia.
- III -
Sustancia, según la distinta inteligencia que se le da, tiene si no
muchos, por lo menos cuatro sentidos principales (277); la sustancia de un
ser es, al parecer, o la esencia, o lo universal, o el género, o el
sujeto. El sujeto es aquél del que todo lo demás es atributo, no siendo él
atributo de nada. Examinemos por de pronto el sujeto: porque la sustancia
debe ser, ante todo, el sujeto primero. El sujeto primero es, en un
sentido, la materia; en otro, la forma; y en tercer lugar el conjunto de
la materia y de la forma (278)
. Por materia entiendo el bronce, por ejemplo: la forma es la figura
ideal; el conjunto es la estatua realizada. En virtud de esto, si la forma
es anterior a la materia; si tiene, más que ella, el carácter del ser,
será igualmente anterior, por la misma razón, al conjunto de la forma y de
la materia.
Hemos hecho una definición figurada de la sustancia, diciendo qué es
lo que no es atributo de un sujeto, aquello de lo que todo lo demás es
atributo. Pero necesitamos algo mejor que esta definición; es insuficiente
y oscura y, además, conforme a ésta la materia debería considerarse como
sustancia; porque si no es una sustancia, no vemos a qué otra cosa podrá
aplicársele este carácter; si se suprimen los atributos, no queda más que
la materia. Todas las demás cosas son, o modificaciones, acciones, poderes
de los cuerpos, o bien, como la longitud, la latitud y la profundidad,
cantidades, pero no sustancias, porque la cantidad no es una sustancia;
sustancia es más bien el sujeto primero en el que se da la cantidad.
Suprímase la longitud, latitud y profundidad, y no quedará nada, sino lo
que estaba determinado por estas propiedades. Bajo este punto de vista, la
materia es necesariamente la única sustancia; y llamo materia a lo que no
tiene en sí forma, ni cantidad, ni ninguno de los caracteres que
determinan el ser; porque hay algo de lo que cada uno de estos caracteres
es un atributo, algo que difiere, en su existencia, del ser según todas
las categorías. Todo lo demás se refiere a la sustancia: la sustancia se
refiere a la materia. La materia primera es, por tanto, aquello que, en
sí, no tiene forma, ni cantidad, ni ningún otro atributo. No será, sin
embargo, la negación de estos atributos, porque las negaciones no son
seres sino por accidente.
Considerada la cuestión bajo este punto de vista, la sustancia será
la materia; pero por otra parte, esto es imposible. Porque la sustancia
parece tener por carácter esencial el ser separable y el ser cierta cosa
determinada. Conforme a esto, la forma y el conjunto de la forma y de la
materia parecen ser más bien sustancia que materia. Pero la sustancia
realizada (quiero decir, la que resulta de la unión de la materia y de la
forma), no hay qué hablar de ella. Evidentemente, es posterior a la forma
y a la materia, y por otra parte sus caracteres son manifiestos: la
materia cae, hasta cierto punto, bajo los sentidos. Resta, pues, estudiar
la tercera, la forma. Esta ha dado lugar a prolongadas discusiones. Se
reconoce, generalmente, que hay sustancias de los objetos sensibles, y de
estas sustancias vamos a ocuparnos en primer lugar.
- IV -
Hemos fijado al principio (279) las diversas acepciones de la palabra
sustancia, y una de estas acepciones es la forma esencial; ocupémonos,
pues, ante todo de la esencia; porque es bueno pasar de lo más conocido a
lo que lo es menos. Así procede todo el mundo en el estudio (280): se va
de lo que no es un secreto de la naturaleza, y sí un conocimiento
personal, a los secretos de la naturaleza. Y lo mismo que en la práctica
de la vida se parte del bien particular para llegar al bien general, el
cual es el bien de todos, en igual forma el hombre parte de sus
conocimientos propios para hacerse dueño de los secretos de la naturaleza.
Estos conocimientos personales y primeros son muchas veces muy débiles,
encierran poca o ninguna verdad y, sin embargo, partiendo de estos
conocimientos vagos, individuales, es como se hace un esfuerzo para llegar
a conocimientos absolutos; y, como acabamos de decir, por medio de los
primeros llegamos a adquirir los demás.
Procedamos, ante todo, por vía de definición, y digamos que la
esencia de un ser es este ser en sí. Ser tú no es ser músico; tú no eres
en ti músico, y tu esencia es lo que eres tú en ti mismo. Hay, sin
embargo, restricciones; no es el ser en sí, al modo que una superficie es
blanca, porque ser superficie no es ser blanca. La esencia tampoco es la
reunión de las dos cosas: superficie, blanco. ¿Por qué? Porque la palabra
superficie se encuentra en la definición. Para que haya definición de la
esencia de una cosa es preciso que en la proposición que expresa su
carácter no se encuentre el nombre de esta cosa. De suerte que si ser
superficie blanca fuera ser superficie lisa, ser blanco y ser liso serían
una sola y misma cosa.
El sujeto puede igualmente encontrarse unido a los otros modos del
ser, porque cada cosa tiene un sujeto, como la cualidad, el tiempo, el
lugar, el movimiento. Es preciso por tanto examinar si hay una definición
de la forma sustancial de cada uno de estos compuestos y si tienen una
forma sustancial. Para un hombre blanco, ¿hay forma sustancial de hombre
blanco? Expresemos hombre blanco por la palabra vestido, y entonces, ¿qué
es ser vestido? Seguramente no es un ser en sí. Una definición puede no
ser definición de un ser en sí, o porque diga más que este ser, o diga
menos. Y así puede definirse una cosa uniéndola a otra; por ejemplo, si
queriendo definir lo blanco, se diese la definición del hombre blanco.
Definiendo se puede omitir alguna cosa; por ejemplo, si admitiendo que
vestido significa hombre blanco, se define el vestido por lo blanco.
Hombre blanco es blanco ciertamente; pero la definición de la forma
sustancial de hombre blanco no es blanco, sino vestido. Pero ¿hay o no una
forma sustancial? Sí, la forma sustancial es lo que es propiamente un ser.
Pero cuando una cosa es el atributo de otra, no es una esencia. Y así el
hombre blanco no es una esencia; sólo las sustancias tienen una esencia.
Conforme a lo que precede, hay forma sustancial para todas las cosas,
cuya noción es una definición. Una definición no es simplemente la
expresión adecuada a la noción de un objeto, porque en tal caso todo
nombre sería una definición, puesto que todo nombre es adecuado a la
noción de la cosa que expresa. La palabra Ilíada sería una definición. La
definición es una expresión que designa un objeto primero: y por objeto
primero entiendo todo aquel que en su noción se refiere a otro. Por lo
tanto no habrá forma sustancial respecto de otros seres que de las
especies en el género (281); ellas tendrán solamente este privilegio,
porque la expresión que las designa no indica una relación con otro ser,
no muestra que sean modificaciones ni accidentes. En cuanto a todos los
demás seres, la expresión que los designa, si tienen un nombre, debe
significar que tal se encuentra en otro ser, o bien es una perífrasis en
lugar de la expresión simple; pero estos seres no tienen definición ni
forma sustancial.
Sin embargo, ¿no podrá la definición entenderse también como el ser
de diferentes maneras? Porque el ser significa o la sustancia y la forma
esencial, o cada uno de los atributos generales, la cantidad, la cualidad
y todos los demás modos de este género. En efecto, así como hay ser en
todas estas cosas, pero no bajo el mismo concepto, siendo una un ser
primero y consecuencia de ella las demás, en igual forma la definición
conviene propiamente a la sustancia y, sin embargo, se aplica desde un
punto de vista a las diversas categorías. Podemos preguntar: ¿qué es la
cualidad? La cualidad es un ser, pero no absolutamente; con la cualidad
sucede lo que con el no-ser, del cual algunos filósofos, para poder hablar
de él, dicen que es, no porque propiamente sea, sino que él es el no-ser
(282).
Las indagaciones acerca de la definición de cada ser no deben
traspasar las que se hagan sobre la naturaleza misma del ser. Y así,
puesto que sabemos de los que aquí tratamos, sabemos igualmente que hay
forma esencial por de pronto y absolutamente para las sustancias; luego
que hay forma esencial lo mismo que ser en las demás cosas; no forma
esencial en el sentido absoluto, sino forma de la cualidad, forma de la
cantidad. Estos diversos modos son seres, o bien en concepto de
equivalentes de la sustancia, o bien en tanto que unidos a la sustancia o
separados de ella, al modo que se aplica la calificación de inteligible a
la no inteligible. Pero evidentemente, estos diferentes seres no son
equivalentes a la sustancia, no son seres de la misma manera. En este caso
sucede lo que con las diversas acepciones de la palabra medicinal (283),
que se refiere a una y sola cosa, pero no son ni tienen el mismo sentido.
La palabra medicinal, siendo una y sola cosa, puede aplicarse a un cuerpo,
a una operación, a un vaso, pero no será bajo el mismo concepto, no
expresará en todos los casos una y sola cosa; lo único que sucede es que
sus diferentes acepciones se refieren a una misma cosa.
Poco importa la opinión que sobre esto se adopte, cualquiera que ella
sea. Lo evidente es que la definición primera, la definición propiamente
dicha y la forma pertenecen a las sustancias; que, sin embargo, hay
definición y forma respecto de los demás objetos, pero no definición
primera. Admitidos estos principios, no resulta necesariamente de ellos
que toda expresión adecuada a la noción de un objeto sea una definición.
Esto sólo es cierto respecto a ciertos objetos. Lo será, por ejemplo, si
el objeto es uno, no uno por continuidad, como la Ilíada, ni por un
vínculo, sino uno en las verdaderas acepciones de la palabra (284). La
unidad se entiende de tantas maneras como el ser, y el ser expresa, o tal
cosa determinada, o la cantidad, o la cualidad. En virtud de todo esto,
habrá igualmente una forma sustancial, una definición de hombre blanco:
pero una cosa será definición, otra la definición de lo blanco, y otra la
definición de la sustancia.
- V -
Veamos otra dificultad. Si se dice que la proposición que expresa a
la vez el sujeto y el atributo no es una definición, ¿en qué caso un
objeto, no un objeto simple, sino un objeto compuesto, podrá tener una
definición? Porque necesariamente la definición de un objeto compuesto ha
de ser compuesta también. He aquí en qué caso. Tenemos de una parte nariz
y romo (285), y de otra chato; chato abraza las dos cosas a la vez, porque
la una está en la otra, y esto no es accidental. Lo romo, lo chato no son
accidentalmente estados de la nariz; sino estados esenciales. No sucede
aquí como con lo blanco, que puede aplicarse a Calias, o a hombre, porque
Calias es blanco, y Calias resulta que es un hombre; sucede como con lo
macho en el animal, lo igual en la cantidad, y con todas las propiedades
llamadas atributos esenciales. Por atributos esenciales entiendo aquellos
en cuya definición entra necesariamente la idea o el nombre del objeto del
cual son ellos estados; que no pueden ser expresados, hecha abstracción de
este objeto: lo blanco puede abstraerse de la idea del hombre; lo macho,
por lo contrario, es inseparable de la del animal. En vista de esto, o
ninguno de los objetos compuestos tendrá esencia ni definición, o no será
una definición primera; esto ya lo hicimos observar.
Otra dificultad ocurre también sobre este asunto. Si nariz roma y
nariz chata son la misma cosa, romo y chato no difieren tampoco. Si se
dice que difieren, porque es imposible decir chato sin expresar la cosa de
la que chato es atributo esencial, porque la palabra chato significa nariz
roma entonces, o será imposible emplear la expresión: nariz chata, o decir
dos veces la misma cosa, nariz nariz roma, pues nariz chata significará
nariz nariz roma. Es, pues, absurdo admitir que tengan una esencia objetos
de este género; si la hay, se irá hasta el infinito, porque habrá
igualmente una esencia para nariz nariz chata.
Es, pues, evidente, que no hay definición más que de la sustancia. En
cuanto a las otras categorías, si se quiere que sean susceptibles de
definición, serán definiciones redundantes, como las de la cualidad, de lo
impar, el cual no puede definirse sin el número; de lo macho que no se
define sin el animal. Por definiciones redundantes entiendo aquellas en
las que se dicen dos veces las mismas cosas, en cuyo caso se encuentran
estas de que tratamos. Si esto es exacto, no habrá tampoco definición que
abrace a la vez el atributo y el sujeto; definición del número impar, por
ejemplo. Pero se dan definiciones de esta clase de objetos, sin notar que
estas definiciones son artificiales. Concedamos, por lo demás, que estos
objetos pueden definirse; y entonces, o habrá que definirlos de otra
manera o, como ya hemos dicho, será preciso admitir diferentes especies de
definiciones, diferentes especies de esencias. Y así, desde un punto de
vista, no puede haber ni definición, ni esencia, sino respecto a las
sustancias; desde otro, hay definición de los demás modos del ser.
Es evidente, por otra parte, que la definición es la expresión de la
esencia, y que la esencia no se encuentra sino en las sustancias, o cuando
menos se encuentra en las sustancias sobre todo, ante todo, y
absolutamente.
- VI -
Si la forma sustancial es lo mismo que cada ser o es diferente, es el
punto que necesitamos examinar. Esto nos vendrá bien para nuestra
indagación sobre la sustancia. Un ser no difiere, al parecer, de su propia
esencia, y la forma es la esencia misma de cada ser. En los seres
accidentales la forma sustancial parece diferir del ser mismo: hombre
blanco difiere de la forma sustancial de hombre blanco. Si hubiese
identidad, habría identidad igualmente entre la forma sustancial de hombre
y la forma sustancial de hombre blanco, porque hombre y hombre blanco es
para nosotros la misma cosa; de donde se seguiría que no hay diferencia
entre la forma sustancial de hombre blanco y la forma sustancial de
hombre. ¿Admitiremos, por tanto, que respecto de todos los seres
accidentales el ser y la forma no son necesariamente la misma cosa? Sin
duda alguna. Los términos comparados (286) no son, en efecto, idénticos.
Quizá se dirá que puede suceder accidentalmente que sean idénticos; por
ejemplo, si se trata de la forma sustancial de lo blanco, de la forma
sustancial de lo músico. Pero al parecer no es así.
En cuanto a los seres en sí, ¿hay necesariamente identidad entre el
ser y la forma sustancial, en el caso, por ejemplo, de las sustancias
primeras, si es que las hay, sustancias sobre las que ninguna otra
sustancia, ninguna otra naturaleza, tenga la anterioridad, como son las
ideas según algunos filósofos? Si se admite la existencia de las ideas,
entonces el bien en sí difiere de la forma sustancial del bien, el animal
en sí de la forma del animal, el ser en sí de la forma sustancial del ser;
y en este caso debe haber sustancias, naturalezas, ideas, fuera de las
formas en cuestión, y estas sustancias son anteriores a ellas, puesto que
se refiere la forma a la sustancia. Si se separa de esta manera el ser de
la forma, no habrá ya ciencia posible del ser, y las formas, por su parte,
no serán ya seres; y entiendo por separación que en el ser bueno no se
encuentre la forma sustancial del bien, o que en la forma sustancial no se
dé el ser bueno. Digo que no hay ciencia, porque la ciencia de un ser es
el conocimiento de la forma sustancial de este ser. Esto se aplica al bien
y a todos los demás seres; de suerte que si lo bueno no se encuentra unido
a la forma sustancial del bien, el ser tampoco estará unido a la forma
sustancial del ser, la unidad o la forma sustancial de la unidad. Además,
o la forma sustancial es idéntica al ser respecto de todas las ideas, o no
lo es respecto de ninguna; de suerte que si la forma sustancial de ser no
es el ser, lo mismo sucederá con todo lo demás. Añádase a esto que lo que
no tiene la forma sustancial del bien no es bueno. Luego es indispensable
que el bien y la forma sustancial del bien sean una sola y misma cosa; que
haya identidad entre lo bello y la forma sustancial de lo bello; y que lo
mismo suceda con todos los seres que no son atributos de otra cosa, sino
que son primeros y en sí. Esta conclusión es legítima, ya haya ideas o no,
pero más quizá si las hay.
También es evidente, que si las ideas no son lo que pretenden ciertos
filósofos, el sujeto del ser particular no es una sustancia. En efecto,
las ideas son necesariamente sustancias y no atributos, de otro modo
participarían de su sujeto.
Resulta de lo que precede, que cada ser sólo constituye uno con su
forma sustancial, que le es esencialmente idéntica. Resulta igualmente que
conocer lo que es un ser es conocer su forma sustancial. Y así resulta de
la demostración que estas dos cosas no son realmente más que una sola
cosa.
En cuanto al ser accidental, por ejemplo, lo músico, lo blanco, no es
exacto que el ser sea idéntico a su forma sustancial. El ser en este caso
significa dos cosas: el sujeto del accidente y el accidente mismo; de
suerte que bajo un punto de vista hay identidad entre el ser y la forma;
bajo otro, no. No hay identidad entre la forma sustancial de hombre y la
sustancial de hombre blanco, pero la hay en el sujeto, que experimenta la
modificación.
Se advertirá fácilmente lo absurda que es la separación del ser y de
la forma sustancial, si se da un nombre a toda forma sustancial. Fuera de
este nombre habrá en el caso de la separación, otra forma sustancial, y
así habrá una forma sustancial del caballo fuera de la forma sustancial
del caballo en general. Y, sin embargo, ¿qué impide decir, desde luego,
que algunos seres tienen inmediatamente en sí mismos su forma sustancial,
puesto que la forma sustancial es la esencia? No sólo hay identidad entre
estas dos cosas, sino que su noción es la misma, como resulta de lo que
precede, porque no es accidental que la unidad y la forma sustancial de la
unidad sean una misma cosa. Si son dos casos diferentes, se irá así hasta
lo infinito. Se tendrá de una parte la forma sustancial de la unidad, y de
otra la unidad, y cada uno de estos dos términos estarán a su vez en el
mismo caso. Es, por tanto, evidente que por lo que hace a los seres
primeros, a los seres en sí, cada ser y la forma sustancial de cada ser
son una sola y misma cosa.
En cuanto a todas las objeciones sofísticas que pudieran suscitarse
contra esta proposición, evidentemente quedaron ya contestadas al resolver
esta cuestión: ¿hay identidad entre Sócrates y la forma sustancial de
Sócrates? Las objeciones encierran en sí mismas todos los elementos
necesarios para la solución. Y así, bajo qué condición hay identidad entre
un ser y su forma sustancial, y mediante qué condición esta identidad no
existe, es lo que acabamos de determinar.
- VII -
Entre las cosas que devienen o llegan a ser, unas son producciones de
la naturaleza, otras del arte, y otras del azar (287). En toda producción
hay una causa, un sujeto, luego un ser producido; y por ser entiendo aquí
todos los modos del ser, esencia, cantidad, cualidad, lugar (288). Las
producciones naturales son las de los seres que provienen de la
naturaleza. Aquello de lo que un ser proviene es lo que se llama la
materia; y aquello mediante lo que una cosa es producida, es un ser
natural. El ser producido es, o un hombre, o una planta, o alguno de los
seres de este género, a los cuales damos sobre todo el nombre de
sustancias. Todos los seres que provienen de la naturaleza o del arte,
tienen una materia, porque todos pueden existir o no existir, y esta
posibilidad depende de la materia, que se da en cada uno de ellos. En
general la causa productora de los seres y los seres producidos se llama
naturaleza (289); porque los seres que son producidos, la planta, el
animal, por ejemplo, tienen una naturaleza; y la causa productora, bajo la
relación de la forma, tiene una naturaleza semejante a la de los seres
producidos, sólo que esta naturaleza se encuentra en otro ser: un hombre
es el que produce un hombre. Así alcanzan la existencia las producciones
de la naturaleza.
Las demás producciones se llaman creaciones (290). Todas las
creaciones son efecto de un arte, o de un poder, o del pensamiento.
Algunas provienen también del azar, de la fortuna; éstas son, por decirlo
así, producciones colaterales (291). Hay, por ejemplo, en la naturaleza
seres que se producen lo mismo por una semilla que sin semilla (292). Nos
ocuparemos más adelante de las producciones casuales.
Las producciones del arte son aquellas cuya forma está en el
espíritu; y por forma entiendo la esencia de cada cosa, su sustancia
primera. Los contrarios tienen desde un punto de vista la misma forma
sustancial; la sustancia de la privación es la sustancia opuesta a la
privación, la salud es la sustancia de la enfermedad, y en prueba de ello
la declaración de la enfermedad no es más que la ausencia de la salud. Y
la salud es la idea misma que está en el alma, la noción científica; la
salud viene de un pensamiento como éste: la salud es tal cosa, luego es
preciso, si se quiere producirla, que haya otra tal cosa, por ejemplo, el
equilibrio de las diferentes partes; ahora bien, para producir este
equilibrio, es preciso el calor. De esta manera se llega sucesivamente por
el pensamiento a una cosa última, que puede inmediatamente producirse. El
movimiento que realiza esta cosa se llama operación, operación hecha con
la mira de la salud. De suerte que, bajo un punto de vista, la salud viene
de la salud, la casa de la casa, la casa material de la casa inmaterial;
porque la medicina, el arte de construir, son la forma de la salud y de la
casa. Por esencia inmaterial entiendo la forma pura.
Entre las producciones y los movimientos, hay unos que se llaman
pensamientos, y otros que se dicen operaciones; los que provienen de la
causa productora y de la forma son los pensamientos; los que tienen por
principio la última idea a que llega el espíritu son operaciones. Lo mismo
se aplica a cada uno de los estados intermedios entre el pensamiento y la
producción. Y así, para que haya salud, es preciso que haya equilibrio;
pero ¿qué es el equilibrio? Es tal cosa: y esta cosa tendrá lugar, si hay
calor. ¿Qué es calor? Tal cosa. El calor existe en potencia, y el médico
puede realizarla. Por tanto, el principio productor, la causa motriz de la
salud, si es fruto del arte, es la idea que está en el espíritu, si es
fruto del azar tendrá ciertamente por principio la cosa misma, por medio
de la cual la hubiera producido el que la produce por el arte. El
principio de la curación es probablemente el calor; y se produce el calor
por medio de fricciones. Ahora bien, el calor producido en el cuerpo es un
elemento de la salud, o va seguido de otra cosa o de muchas que son
elementos de la salud. La última cosa a que se llega, procediendo así, es
la causa eficiente; es un elemento de la salud, de la casa, como las
piedras; y lo mismo sucede en todo lo demás.
Es, pues, imposible, como hemos dicho, que se produzca cosa alguna,
si no hay algo que preexista: evidentemente es de toda necesidad la
preexistencia de un elemento. La materia es un elemento, es el sujeto, y
sobre ella tiene lugar la producción. En los mismos seres respecto de los
que cabe la definición, también se encuentra la materia. En efecto, en la
definición de los círculos realizados, entran en general dos elementos: la
materia, el bronce, por ejemplo, y luego la forma, tal figura, es decir,
el género primero a que el objeto se refiere. En la definición del círculo
de bronce entra la materia.
El objeto producido no toma nunca el nombre del sujeto de donde
procede; sólo se dice que es de la naturaleza de este sujeto, que es de
esto (293), pero no esto (294). No se dice una estatua piedra, sino una
estatua de piedra. El hombre sano no toma el nombre de aquello de donde ha
partido para llegar a la salud; la causa de esto es que la salud viene a
la vez de la privación de la enfermedad y del sujeto mismo, al cual damos
el nombre de materia; y así el hombre sano procede del hombre y del
enfermo. Sin embargo, la producción se refiere más bien a la privación: se
dice, que de enfermo se hace uno sano, más bien que de hombre se hace
sano. Por esta razón el ser sano no recibe la calificación de enfermo,
sino de hombre y de hombre sano. En las circunstancias en que la privación
es incierta o no tiene nombre, por ejemplo, cuando tal forma es producida
sobre el bronce, cuando los ladrillos y maderas de una casa reciben tal
forma, lo mismo tiene lugar, al parecer, en esta producción que en la
producción de la salud, la cual viene de la enfermedad; y lo mismo que en
este último caso el objeto producido no recibe el nombre del objeto de que
proviene, en igual forma la estatua no se llama madera, sino que toma su
nombre de la madera de que ha sido construida: es de madera y no madera;
es de bronce y no bronce, de piedra y no piedra. También se dice: una casa
de ladrillos y no una casa ladrillos. En efecto, si fijamos la atención,
se verá que no tiene absolutamente la estatua de la madera, ni la casa de
los ladrillos. Cuando una cosa proviene de otra, hay transformación de la
una en la otra, y el sujeto no persiste en su estado. Éste es el motivo de
esta locución.
- VIII -
Todo ser que deviene o se hace tiene una causa productora,
entendiendo por ésta el principio de la producción; hay igualmente un
sujeto (el sujeto es, no la privación, sino la materia, en el sentido en
que hemos tomado esta palabra, precedentemente); en fin, se hace algo
esfera, por ejemplo, círculo, o cualquier otro ejemplo. Por tanto, así
como el sujeto no produce el bronce, tampoco produce la esfera, sino
accidentalmente, porque la esfera de bronce es accidentalmente una esfera
de bronce. Lo que él produce es la esfera de bronce, porque producir un
ser particular es hacer de un sujeto absolutamente indeterminado un objeto
determinado. Digo, por ejemplo, que hacer redondo el bronce no es producir
ni la redondez, ni la esfera, sino que es producir un objeto completamente
distinto, es producir esta forma en otra cosa. Si se produjese realmente
la esfera, se la sacaría de otra cosa, y entonces sería preciso un sujeto,
como en la producción de la esfera de bronce. Producir una esfera de
bronce no quiere decir otra cosa sino hacer de tal objeto, que es de
bronce, tal otra cosa que es una esfera. Si hay producción de la esfera
misma, la producción será de la misma naturaleza; no será una
transformación, y la cadena de las producciones se prolongará así hasta el
infinito. Es por tanto evidente que la figura (295), o cualquiera que sea
el nombre que sea preciso dar a la forma realizada en los objetos
sensibles, no puede devenir, que no hay respecto de ella producción, y
que, sin embargo, la figura no es una esencia (296). La figura, en efecto,
es lo que se realiza en otro ser, por medio del arte, de la naturaleza, o
de una potencia (297). Lo que ella produce, al realizarse en un objeto, es
por ejemplo, una esfera de bronce; la esfera de bronce es el producto del
bronce y de la esfera; tal forma ha sido producida en tal objeto, y el
producto es una esfera de bronce. Si se quiere que haya verdaderamente
producción de la esfera, la esencia provendrá de alguna cosa, porque será
preciso siempre que el objeto producido sea divisible, y que tenga en sí
una doble naturaleza: de una parte la materia y de otra la forma. La
esfera es una figura cuyos puntos están equidistantes del centro; habrá
por tanto de una parte el sujeto sobre que obra la causa eficiente y de
otra la forma que se realiza en este sujeto, y habrá, por último, el
conjunto de estas dos cosas, de la misma manera que respecto de la esfera
de bronce.
De lo que precede resulta, evidentemente, que lo que se llama la
forma, la esencia, no se produce; la única cosa que deviene o se hace es
la reunión de la forma y de la materia, porque en todo ser que ha devenido
hay materia: de una parte la materia, de otra la forma.
¿Hay alguna esfera fuera de las esferas sensibles, alguna casa,
independientemente de las casas de ladrillos? Si las hubiese, no habría
nunca producción de un ser particular, y sólo se producirían cualidades.
Ahora bien, la cualidad no es la esencia, la forma determinada, sino lo
que da al ser tal o cual carácter, de tal manera que después de la
producción se dice: tal ser tiene tal cualidad. El ser realizado, por lo
contrario, Sócrates, Calias, tomados individualmente, están en el mismo
caso que una esfera particular de bronce. El hombre y el animal son como
la esfera de bronce en general. Es, pues, evidente que las ideas
consideradas como causas, y éste es el punto de vista de los partidarios
de las ideas, suponiendo que haya seres independientes de los objetos
particulares, son inútiles para la producción de las esencias, y que no
son las ideas las que constituyen las esencias de los seres (298). También
es evidente que en ciertos casos lo que produce es de la misma naturaleza
que lo que es producido, pero no idéntico en número; sólo hay identidad de
forma, como sucede en las producciones naturales. Y así, el hombre produce
al hombre. Sin embargo, puede haber una producción contra naturaleza; el
caballo engendra al mulo; y aun la ley de la producción es en este caso la
misma, porque la producción tiene lugar en virtud de un tipo común al
caballo y al asno, de un género que se aproxima a ambos y que no ha
recibido nombre. El mulo es probablemente un género intermedio.
Se ve claramente que no hay necesidad de que un ejemplar particular
suministre la forma de los seres, porque sería sobre todo en la formación
de los seres individuales en la que serían útiles estos ejemplares, puesto
que son estos seres los que tienen principalmente el carácter de esencia.
El ser que engendra basta para la producción; él es el que da la
producción; él es el que da la forma a la materia. Tal forma general
realizada en estos huesos y en esta carne, he aquí a Sócrates y a Calias.
Hay, sin embargo, entre ellos diferencia de materia, porque la materia
difiere, pero su forma es idéntica: la forma es indivisible.
- IX -
Podría preguntarse por qué ciertas cosas son producidas más bien por
el azar que por el arte, como la salud, mientras que con otras no sucede
lo mismo, por ejemplo, con una casa. La causa es que la materia, principio
de la producción de las cosas que son hechas o producidas por el arte; la
materia, que es una parte misma de estas cosas, tiene en ciertos casos un
movimiento propio, que no tiene en otros. Tal materia puede tener tal
movimiento particular y otra no puede. Una multitud de seres tienen en sí
mismos un principio de movimiento, y no les es posible tal movimiento
particular; por ejemplo, no podrán bailar a compás. Por tanto, todas las
cosas que tienen una materia de este género, las piedras, por ejemplo, no
pueden tomar tal movimiento particular, a menos que no reciban un impulso
exterior. Ellas tienen, sin embargo, un movimiento que les es propio
(299); así sucede con el fuego. Por esta razón ciertas cosas no existirán
independientemente del artista, y otras, por lo contrario, podrán existir.
Estas últimas, en efecto, podrán ser puestas en movimiento por seres
extraños al arte, porque pueden recibir el movimiento, o de los seres que
no poseen el arte, o de sí mismas.
Resulta [evidente] de lo que hemos dicho, que todas las cosas vienen
en cierta manera de cosas que tienen el mismo nombre, como las
producciones naturales, o bien de un elemento que tiene el mismo nombre; y
así la casa viene de la casa, o si se quiere del espíritu; el arte, en
efecto, es la forma, la forma considerada como elemento esencial, o como
produciendo ella misma un elemento del objeto; porque la causa de la
realización es un elemento esencial y primero. De esta manera el calor
producido por la fricción es causa del calor en los cuerpos, el cual es la
salud o un elemento de la salud, o bien va seguido de algo que es un
elemento de la salud o la salud misma. Por esto se dice que la fricción
produce la salud, porque el calor produce la salud, a la que sigue y
acompaña. Y así como todos los razonamientos tienen por principio la
esencia (todo razonamiento parte en efecto del ser determinado) (300), de
igual modo la esencia es el principio de toda producción. Con las
producciones de la naturaleza sucede lo que con las del arte. El germen
desempeña poco más o menos el mismo papel que el artista, porque tiene en
potencia la forma del objeto, y aquello de donde procede el germen lleva
generalmente el mismo nombre que el objeto producido. Digo generalmente,
porque en este punto no hay que exigir un rigor exacto; el hombre procede
del hombre ciertamente; pero la mujer procede también del hombre. Por otra
parte, es preciso que el animal pueda usar de todos los órganos, y así el
mulo no produce el mulo.
Las producciones del azar, en la naturaleza, son aquellas cuya
materia puede tomar por sí misma el movimiento que imprime ordinariamente
el germen. Todas las cosas que no se encuentran en esta condición no
pueden ser producidas de otra manera que por una causa motriz del mismo
género de aquellas de que hemos hablado.
No sólo por la forma de la sustancia se prueba que toda producción es
imposible; el mismo razonamiento se aplica a todas las categorías, a la
cantidad, a la cualidad y a todos los demás modos del ser. Porque así como
se produce una esfera de bronce, y no la esfera ni el bronce (y lo mismo
se puede decir con aplicación al bronce considerado como una producción,
puesto que siempre en las producciones hay una materia y una forma que
preexisten), lo propio sucede con la esencia, con la cualidad, con la
cantidad y con todas las demás categorías. Lo que se produce no es la
cualidad, sino la madera que tiene tal cualidad; tampoco la cantidad, sino
la madera, el animal que tiene tal cantidad.
De todo lo que precede resulta que en la producción de un ser es
absolutamente preciso que la sustancia productora exista en acto; que
haya, por ejemplo, un animal preexistente, si es un animal el producido.
Pero no es necesario que haya una cantidad, una cualidad, que preexistan
en acto; basta que existan en potencia.
- X -
Toda definición es una noción, y toda noción tiene partes; por otro
lado, hay la misma relación entre las partes de la noción y de las partes
del objeto definido, que entre la noción y el objeto. Debemos preguntarnos
ahora si la noción de las partes debe o no encontrarse en la noción del
todo. Se encuentra en ciertos casos al parecer, y en otro no. Y así la
noción del círculo no encierra la noción de sus partes; la noción de
sílaba, por el contrario, encierra la de los elementos. Y sin embargo, el
círculo puede dividirse en sus partes, como la sílaba en sus elementos.
Además de esto, si las partes son anteriores al todo, siendo el
ángulo agudo una parte del ángulo recto, el dedo una parte del animal, el
ángulo agudo será anterior al recto, y el dedo anterior al hombre; y sin
embargo, el hombre y el ángulo recto parecen anteriores: por su noción es
como se definen las otras cosas, y son también anteriores, porque pueden
existir sin ellas. Pero la palabra parte, ¿no se entiende de diferentes
maneras? (301). Según una de las acepciones de esta palabra, significa
aquello que mide [en relación] a la cantidad: dejemos aparte este punto de
vista; se trata aquí de las partes constitutivas de la esencia. Si de un
lado está la materia, de otro la forma y, por último, el conjunto de la
materia y de la forma; y si la materia, la forma, el conjunto de las dos
cosas son, como hemos dicho, sustancias, se sigue que la materia es, desde
un punto de vista, parte del ser, y desde otro punto de vista no lo es.
Las partes que entran en la noción de la forma constituyen solas, en este
último caso, la noción del ser: y así, la carne no es una parte de lo
romo; es la materia sobre que se opera la producción; pero es una parte de
lo chato, el bronce es una parte de la estatua realizada, no una parte de
la estatua ideal. Es la forma lo que se expresa, y cada cosa se designa
por su forma; jamás se debe designar un objeto por la materia. Por esto en
la noción de círculo no entra la de sus partes, mientras que en la noción
de la sílaba entra la de sus elementos. Consiste en que los elementos del
discurso son partes de la forma, y no materia. Los segmentos del círculo,
al contrario, son partes del círculo en concepto de materia; en ellos se
realiza la forma. Sin embargo, estos segmentos tienen más relación con la
forma que el bronce, en el caso de que la forma circular se realice en el
bronce.
Los mismos elementos de la sílaba no entrarán siempre en la noción de
la sílaba; las letras formadas sobre la cera, la pronunciación que hiere
el aire, todas estas cosas son partes de la sílaba en concepto de materia
sensible (302). Porque la línea no existe, si se la divide en dos partes;
porque el hombre si se le divide en huesos, en nervios, en carne, perezca,
no es preciso decir por esto que son partes de la esencia, sino que son
partes de la materia. Son ciertamente partes del ser realizado, pero no
son partes de la forma, en una palabra, de lo que entra en la definición.
Las partes, desde este punto de vista, no entran en la noción. En ciertos
casos la definición de las partes entrará en la definición del todo, y en
otros no entrará, como, por ejemplo, cuando no haya definición del ser
realizado. Por esta razón, ciertas cosas tienen por principios los
elementos en que se resuelven, y otras no los tienen. Todos los objetos
compuestos que tienen forma y materia, lo chato, el círculo de bronce, se
resuelven en sus partes, y la materia es una de estas partes. Pero todos
aquellos seres, en cuya composición no entra la materia, todos los seres
inmateriales, como, por ejemplo, la forma considerada en sí misma, no
pueden absolutamente resolverse en sus partes, o se resuelven de otra
manera. Ciertos seres tienen en sí mismos sus principios constitutivos,
sus partes; pero la forma no tiene principios, ni partes de este género.
Por esta razón la estatua de arcilla se resuelve en arcilla, la esfera en
bronce, Calias en carne y en huesos, y por lo mismo el círculo se resuelve
en diversos segmentos. Porque hay el círculo material, y se aplica
igualmente el nombre de círculo a los círculos propiamente dichos y a los
círculos particulares, porque no hay nombre propio para designar los
círculos particulares. Ésta es la verdad sobre esta cuestión.
Sin embargo, volvamos la vista atrás para aclarar más esta materia.
Las partes de la definición, los elementos en que puede ésta
descomponerse, son primeros todos o solamente algunos. Pero la definición
del ángulo recto no puede dividirse en muchas partes, una de las cuales
sea la noción del ángulo agudo; la definición del ángulo agudo, por lo
contrario, puede dividirse también con relación al ángulo recto. Porque se
define el ángulo agudo con referencia al ángulo recto, diciendo: un ángulo
agudo es un ángulo más pequeño que un recto. Lo mismo sucede con el
círculo y el semicírculo. Se define el semicírculo por medio del círculo,
el dedo por medio del todo: porque el dedo es una parte del cuerpo que
tiene tales caracteres. De suerte que todas las cosas que son partes de un
ser en tanto que materia, y los elementos materiales en que puede
dividirse, son posteriores. Por lo contrario, las cosas que son partes de
la definición de la forma sustancial, son todas anteriores, o por lo menos
algunas.
Conforme a esto, puesto que el alma de los seres animados es la forma
sustancial, la esencia misma del cuerpo animado, porque el alma es la
esencia de los seres animados (303), la función de cada parte y el
conocimiento sensible que es su condición deberán entrar en la definición
de las partes del animal, si se las quiere definir bien. De suerte que hay
prioridad de las partes del alma, de todas o de algunas relativamente al
conjunto del animal. La misma prioridad hay relativamente a las diferentes
partes del cuerpo. El cuerpo y sus partes son posteriores al alma, el
cuerpo puede dividirse en sus diversas partes, consideradas como materia;
no el cuerpo esencia, sino el conjunto que constituye el cuerpo. Desde un
punto de vista las partes del cuerpo son anteriores al conjunto; desde
otro son posteriores; no pueden, en efecto, existir independientemente del
cuerpo; un dedo no es realmente un dedo en todo estado posible, sino tan
sólo cuando tiene vida; sin embargo, se da el mismo nombre al dedo muerto.
Hay ciertas partes que no sobreviven al conjunto; por ejemplo, aquellas
partes que son esenciales, el asiento primero de la forma y de la
sustancia; como el corazón o el cerebro si realmente desempeñan este
papel, importando poco que sea el uno o el otro (304). El hombre, el
caballo, todos los universales residen en los individuos; la sustancia no
es cierta cosa universal; es un conjunto, un compuesto de tal forma y de
tal materia: la materia y la forma son universales; pero el individuo,
Sócrates, o cualquier otro, es un conjunto de forma y de materia.
La forma misma, y por forma entiendo la esencia pura, tiene
igualmente parte, lo mismo que el conjunto de la forma y de la materia;
pero las partes de la forma no son más que partes de la definición, y la
definición no es más que la noción general, porque el círculo y la esencia
del círculo, el alma y la esencia del alma, son una sola y misma cosa.
Pero respecto a lo compuesto, por ejemplo, a tal círculo particular
sensible o inteligible (por inteligible entiendo el círculo matemático, y
por sensible el círculo de bronce o de madera), no hay definición. No por
definiciones, sino por medio del pensamiento y de los sentidos es como se
los conoce. Cuando hemos cesado de ver realmente los círculos
particulares, no sabemos si existen o no; sin embargo, conservamos la
noción general de círculo, no una noción de su materia, porque nosotros no
percibimos la materia por sí misma. La materia es sensible o inteligible;
la materia sensible es, por ejemplo, el bronce, la madera, y toda materia
susceptible de movimiento. La materia inteligible es la que se encuentra
ciertamente en los seres sensibles, pero no en tanto que sensibles; por
ejemplo, en los seres matemáticos.
Acabamos de determinar todo lo que concierne al todo, a la parte, a
la anterioridad y a la posterioridad. Si se pregunta si la línea recta, el
círculo, el animal, son anteriores a las partes en que pueden dividirse y
que los constituyen, es preciso, para responder, establecer una
distinción. Si efectivamente el alma es el animal, o cada ser animado, o
la vida de cada ser; si el círculo es idéntico a la forma sustancial del
círculo; el ángulo recto a la forma sustancial del ángulo recto; si es la
esencia misma del ángulo recto, ¿qué será lo posterior, y qué será lo
anterior? ¿Será el ángulo recto en general expresado por la definición, o
tal ángulo particular? Porque el ángulo recto material formado de bronce,
por ejemplo, es tan ángulo recto como el formado de líneas. El ángulo
inmaterial será posterior a las partes que entran en su noción, pero es
anterior a las partes del ángulo realizado. Sin embargo, no puede decirse
absolutamente que es anterior. Sí el alma, por lo contrario, no es el
animal, si difiere de él, habrá anterioridad para las partes. Y así, en
ciertos casos es preciso decir que hay anterioridad, y en otros que no la
hay.
- XI -
Es una verdadera dificultad el determinar qué partes pertenecen a la
forma y que partes pertenecen, no a la forma, sino al conjunto de la forma
y de la materia; y sin embargo, si este punto no resulta aclarado, no es
posible definir los individuos. Lo que entra en la definición es lo
universal y la forma; si no se ve, por tanto, qué partes son o no son
materiales, no se verá tampoco cuál deberá ser la definición del objeto.
En los casos en que la forma se aplica a cosas de especies diferentes, por
ejemplo, el círculo, el cual puede aparecer en bronce, en madera, en
piedra, en todos estos casos la distinción parecerá fácil; ni el bronce ni
la piedra forman parte de la esencia del círculo, puesto que el círculo
tiene una existencia independiente de la suya. ¿Pero qué obsta a que
suceda lo mismo en todos los casos en que esta independencia no salte a la
vista? Aunque todos los círculos visibles fueran de bronce, no por esto el
bronce sería una parte de la forma. Sin embargo, es difícil al pensamiento
verificar esta separación. Y así lo que a nuestros ojos constituye la
forma es la carne, los huesos y las partes análogas. ¿Serán éstas, por
tanto, partes de la forma, las cuales entren en la definición, o es más
bien la materia? Pero la forma no se aplica nunca a otras cosas que a
aquellas de que hablamos, de aquí la imposibilidad para nosotros de
separarlas.
La separación parece posible, es cierto, pero no se ve claramente en
qué circunstancias, y esta dificultad, según algunos, recae igualmente
sobre el círculo y el triángulo. Creen que no se les debe definir por la
línea y por la continuidad, las cuales se dan en ellos bajo el mismo
concepto que se dan la carne y los huesos en el hombre, y la piedra y el
bronce en el círculo. Todo lo reducen a los números, y pretenden que la
definición de la línea es la noción misma de la dualidad.
Entre los que admiten las ideas, unos dicen que la díada es la línea
en sí, otros que es la idea de la línea, porque si algunas veces hay
identidad entre la idea y el objeto de la idea, entre la díada, por
ejemplo, y la idea de la díada, la línea no está en este caso. De aquí se
sigue que una sola idea es la idea de muchas cosas, que parecen
heterogéneas, y a esto conducía ya el sistema de los pitagóricos; y por
último, la posibilidad de constituir una sola idea en sí de todas las
ideas; es decir, el anonadamiento de las demás ideas y la reducción de
todas las cosas a la unidad (305).
Nosotros hemos consignado la dificultad relativa a las definiciones,
y hemos dicho la causa de esta dificultad. Y así no tenemos necesidad de
reducir de este modo todas las cosas y de suprimir la materia. Lo probable
es que en algunos seres hay reunión de la materia y de la forma, en otros
de la sustancia y de la cualidad. Y la comparación de que se servía
ordinariamente Sócrates el joven (306) con relación al animal, carece de
exactitud. Ella nos hace salir de la realidad y da ocasión a pensar que el
hombre puede existir independientemente de sus partes, como el círculo
existe independientemente del bronce. Pero no hay paridad. El animal es un
ser sensible y no se le puede definir sin el movimiento, por consiguiente,
sin partes organizadas de cierta y determinada manera. No es la mano
absolutamente hablando, la que es una parte del hombre, sino la mano capaz
de realizar la obra, la mano animada; inanimada, no es una parte del
hombre.
Pero ¿por qué en los seres matemáticos las definiciones no entran
como partes en las definiciones? ¿Por qué, por ejemplo, no se define el
círculo por los semicírculos? Los semicírculos, se dirá, no son objetos
sensibles. Pero ¡qué importa! Puede haber una materia hasta en seres no
sensibles; todo lo que no es la esencia pura, la forma propiamente dicha,
todo lo que tiene existencia real, tiene materia. El círculo, que es la
esencia de todos los círculos, no puede tenerla; pero los círculos
particulares deben tener partes materiales, como ya dijimos; porque hay
dos clases de materia: la una sensible, la otra inteligible.
Es evidente, por otra parte, que la sustancia primera en el animal es
el alma, y que el cuerpo es la materia. El hombre o el animal, en general,
es la unión del alma y del cuerpo; pero Sócrates, y lo mismo Corisco es, a
causa de la presencia del alma, un animal doble; porque su nombre designa
tan pronto un alma como el conjunto de un alma y un cuerpo. Sin embargo,
si se dice simplemente: el alma de este hombre, su cuerpo, lo que hemos
dicho del hombre en general se aplica entonces al individuo.
¿Existe alguna otra sustancia fuera de la materia de estos seres, y
es preciso que averigüemos, si acaso tienen ellos mismos otra sustancia,
por ejemplo los números u otra análoga? Este punto lo examinaremos más
adelante (307), porque en interés de esta indagación nos esforzamos por
llegar a la definición de las sustancias sensibles, sustancias cuyo
estudio pertenece más bien a la física y a la segunda filosofía (308). Lo
que efectivamente debe conocer el físico no es sólo la materia, sino
también la materia inteligible, y ésta sobre todo. ¿Cómo, pues, las partes
son partes en la definición, y por qué hay unidad de noción en la
definición de la esencia pura? Ver en qué consiste la unidad de un objeto
compuesto de partes, lo examinaremos más adelante (309).
Hemos demostrado respecto de todos los seres en general lo que era la
esencia pura, cómo existía en sí, y por qué en ciertos casos las partes
del definido entraban en la definición de la esencia pura, mientras que no
entraban en las demás. Ya hemos dicho también que las partes materiales
del definido no entraban en la definición de la sustancia, porque las
partes materiales no son partes de la sustancia y sí sólo de la sustancia
total. Ésta tiene una definición y no la tiene, según el punto de vista.
No se puede abrazar en la materia, la cual es lo indeterminado, pero se
puede definir por la sustancia primera: la definición del alma, por
ejemplo, es una definición del hombre. Porque la esencia es la forma
intrínseca que mediante su concurso (310) con la materia, constituye lo
que se llama sustancia realizada. Tomemos por ejemplo lo romo. Su unión
con la nariz es lo que constituye la nariz chata, y lo chato, porque la
noción de nariz es común a estas dos expresiones, Pero en la sustancia
realizada, en nariz chata, en Calias, hay a la vez esencia y materia.
Respecto a ciertos seres, respecto de las sustancias primeras, ya lo
hemos dicho, hay identidad entre la esencia y la existencia individual. Y
así hay identidad entre la curvatura y la forma sustancial de la
curvatura, con tal que la curvatura sea primera; y entiendo por primero lo
que no es atributo de otro ser, que no tiene sujeto, materia. Pero en todo
lo que existe materialmente, o formando un todo con la materia, no puede
haber identidad, ni aun identidad accidental, como la identidad de
Sócrates y del músico, los cuales son idénticos entre sí accidentalmente.
- XII -
Discutamos ante todo los puntos relativos a la definición, que hemos
pasado en silencio en los Analíticos (311). La solución de la dificultad
que no hemos hecho más que indicar, nos servirá para nuestras indagaciones
concernientes a la sustancia. He aquí esta dificultad. ¿Por qué hay unidad
en el ser definido, en el ser cuya noción es una definición? El hombre es
un animal de dos pies. Admitamos que sea ésta la noción del hombre. ¿Por
qué este ser es un solo ser, y no varios, animal y bípedo? Si se dice
hombre y blanco hay pluralidad de objetos, cuando el uno no existe en el
otro, pero hay unidad cuando el uno es atributo del otro, cuando el
sujeto, el hombre, experimenta cierta modificación. En el último caso, los
dos objetos se hacen uno solo, y se tiene el hombre blanco; en el primero,
por lo contrario, los objetos no participan el uno del otro, porque el
género no participa, al parecer, de las diferencias; de no ser así, la
misma cosa participaría a la vez de los contrarios, siendo contrarios la
una a la otra las diferencias que marcan las distinciones en el género. Si
hubiera participación, el resultado sería el mismo. Hay pluralidad en las
diferencias: animal, que anda, con dos pies, sin pluma. ¿Por qué hay en
este caso unidad y no pluralidad? No es porque sean éstos los elementos
del ser, porque en tal caso la unidad sería la reunión de todas las cosas
(312). Pero es preciso que todo lo que está en la definición sea realmente
uno, porque la definición es una noción una, es la noción de la esencia.
La definición debe ser la noción de un objeto uno, puesto que esencia
significa, como hemos dicho, un ser determinado.
Por lo pronto tenemos que ocuparnos de las definiciones que se hacen
para las divisiones del género. En la definición no hay más que el género
primero y las diferencias. Los demás géneros no son más que el género
primero y las diferencias reunidas al género primero. Y así el primer
género es animal; el siguiente, animal de dos pies; y otro, animal de dos
pies sin plumas. Lo mismo sucede si la proposición contiene un número
mayor de términos; y en general poco importa que contenga un gran número
de ellos o uno pequeño, o dos solamente. Cuando no hay más que dos
términos, el uno es la diferencia, el otro el género; en animal de dos
pies, animal es el género; la diferencia es el término. Sea, por lo tanto,
que el género no exista absolutamente fuera de las especies del género, o
bien que exista, pero exista sólo como materia (el sonido es, por ejemplo,
género y materia, y de esta materia derivan las diferencias, las especies
y los elementos), es evidente que la definición es la noción suministrada
por las diferencias.
Aún hay más: es preciso marcar la diferencia en la diferencia;
tomemos un ejemplo. Una diferencia en el género animal, es el animal que
tiene pies. Es preciso conocer en seguida la diferencia del animal que
tiene pies, en tanto que tiene pies. Por consiguiente unos que no se debe
decir: entre los animales que tienen pies, hay unos que tienen plumas y
otros que no las tienen; aunque esta proposición sea verdadera, no deberá
emplearse este método, a no mediar la imposibilidad de dividir la
diferencia. Se dirá, pues: unos tienen el pie dividido en dedos, otros no
tienen el pie dividido en dedos, Estas son las diferencias del pie: la
división del pie en dedos es una manera de ser del pie. Y es preciso
proseguir de esta manera hasta que se llegue a objetos entre los que no
haya diferencias. En este concepto, habrá tantas especies de pies como
diferencias, y las especies de animales que tienen pies, serán iguales en
número a las diferencias de pie. Ahora bien, si es así, es evidente que la
última diferencia debe ser la esencia del objeto y la definición; porque
en las definiciones no es preciso repetir muchas veces la misma cosa; esto
sería inútil. Y, sin embargo, se hace cuando se dice: animal con pies,
bípedo, ¿qué quiere decir esto, si no animal que tiene pies, que tiene dos
pies? Y si se divide este último término en las divisiones que le son
propias habrá muchas tautologías, tantas como diferencias.
Si se ha llegado a la diferencia de la diferencia, una sola, la última, es
la forma, la esencia del objeto. Pero si es por el accidente por el que se
distingue, como por ejemplo, si se dividiesen los animales que tienen pies
en blancos y negros, entonces habría tantas esencias como divisiones.
Se ve, por tanto, que la definición es la noción suministrada por las
diferencias, y que conviene que sea la de la última diferencia. Esto es lo
que se demostraría claramente, si se invirtiesen los términos de las
definiciones que contienen muchas diferencias, como si por ejemplo se
dijese: el hombre es un animal de dos pies, que tiene pies. Que tiene pies
es inútil, cuando se ha dicho: que tiene dos pies. Además, en la esencia
no hay precedencia o categorías, porque, ¿cómo se puede concebir en ella
la relación de prioridad y de posterioridad?
Tales son las primeras observaciones a hacer sobre las definiciones que se
forman por la división del género.
- XIII -
Lo que nosotros tratamos de estudiar es la sustancia: volvamos, pues,
a nuestro asunto. Sustancia se toma por el sujeto, por la esencia pura,
por la reunión de ambos, por lo universal (313). Dos de estas acepciones
han sido examinadas: la esencia pura y el sujeto. Hemos dicho que el
sujeto se entiende de dos maneras: hay el ser determinado, como el animal,
sujeto de las modificaciones: y hay la materia, sujeto del acto. Al
parecer el universal es también, y más que ningún otro, causa de ciertos
seres, y el universal es un principio. Ocupémonos, pues, del universal.
Es imposible, en nuestra opinión, que ningún universal, cualquiera
que él sea, sea una sustancia. Por lo pronto, la sustancia primera de un
individuo es aquella que le es propia, que no es la sustancia de otro. El
universal, por lo contrario, es común a muchos seres; porque lo que se
llama universal es lo que se encuentra, por la naturaleza, en un gran
número de seres. ¿De qué será el universal sustancia? Lo es de todos los
individuos, o no lo es de ninguno; y que lo sea de todos no es posible.
Pero si el universal fuese la sustancia de un individuo, todos los demás
serían este individuo, porque la unidad de sustancia y la unidad de
esencia constituyen la unidad del ser. Por otra parte, la sustancia es lo
que no es atributo de un sujeto, pero el universal es siempre atributo de
algún sujeto.
¿El universal no puede ser, por tanto, sustancia a título de forma
determinada, el animal no puede ser la esencia del hombre y del caballo?
Pero en este caso habrá una definición de lo universal. Ahora bien, que la
definición encierre o no todas las nociones que están en la sustancia, no
importa; el universal no por eso dejará de ser la sustancia de algo:
hombre será la sustancia del hombre en quien él reside. De suerte que
pararemos en la misma consecuencia que antes. En efecto, la sustancia será
sustancia de un individuo; el animal lo será del individuo en que reside.
Es imposible, por otra parte, es absurdo que la esencia y la
sustancia, si son un producto, no sean ni un producto de sustancia ni un
producto de esencia, y que ellas procedan de la cualidad. Entonces lo que
no es sustancia, la cualidad, tendría la prioridad sobre la sustancia y
sobre la esencia, lo cual es imposible. No es posible que ni en el orden
de las nociones, ni en el orden cronológico, ni en el de producción, las
modificaciones sean anteriores a la sustancia; de otro modo serían
susceptibles de tener una existencia independiente. Por otra parte, en
Sócrates, en una sustancia existiría entonces otra sustancia, y Sócrates
sería la sustancia de dos sustancias. La consecuencia en general es que si
el individuo hombre es una sustancia, y todos los individuos como él, nada
de lo que entra en la definición es sustancia de cosa alguna, ni existe
separada de los individuos, ni en otra cosa que en los individuos; es
decir, que, fuera de los animales particulares, no hay ningún otro, ni
nada de lo que entra en la definición.
Es, por tanto, evidente, conforme a lo que precede, que nada de lo
que se encuentra universalmente en los seres es una sustancia, y que
ninguno de los atributos generales señala la existencia determinada, sino
que designan el modo de la existencia. Sin esto, prescindiendo de otras
muchas consecuencias, se cae en la del tercer hombre (314).
Hay aún otra prueba. Es imposible que la sustancia sea un producto de
sustancias contenidas en ella en acto. Dos seres en acto jamás se harán un
solo ser en acto. Pero si los dos seres sólo existen en potencia, podrá
haber unidad. En potencia, el doble, por ejemplo, se compone de dos
mitades. El acto separa los seres. Por consiguiente, si hay unidad en
sustancia, la sustancia no puede ser un producto de sustancias contenidas
en ella, y de esta manera la expresión de que se sirve Demócrito está
fundada en razón: es imposible, dice, que la unidad venga de dos, o dos de
la unidad. En efecto, para Demócrito, las magnitudes individuales (315)
son las sustancias.
La misma consecuencia se aplica también al número, si el número es,
como dicen algunos, una colección de mónadas. O la díada no es una unidad,
o la mónada no existe en acto en la díada.
Sin embargo, estas consecuencias suscitan una dificultad. Si el
universal no puede constituir ninguna sustancia, porque designa la manera
de ser, y no la existencia determinada, y si ninguna sustancia puede
componerse de sustancias en acto, en este caso toda sustancia debe ser
simple. No podrá, por tanto, definirse ninguna sustancia. Sin embargo,
todo el mundo cree, y nosotros lo hemos dicho más arriba, que sólo la
sustancia, o al menos ella principalmente, tiene una definición. Y ahora
resulta que ni ella la tiene. ¿Será que no es posible la definición de
absolutamente nada? ¿O bien lo será en un sentido y en otro no? Éste es un
punto que se aclarará más adelante.